El penúltimo raulista vivo

Contar hasta trece

Esto va creciendo. Mourinho se puso el otro día un once, Alves puntuó con doce al Barcelona y ayer Clos Gómez cometió trece errores graves, trece, que tuvieron como damnificado al equipo propietario del terreno de juego, el Real Madrid, curiosamente el único de la Liga que presenta batalla a los culés. Yo no creo que sea en absoluto un sacrilegio comparar a Cristiano Ronaldo con Messi, pero pienso que sí es un sacrílego, un geta y un cínico quien diga al final de un partido en el que el árbitro ha perjudicado en trece ocasiones al Madrid que la presión que le meten al colegiado en el Bernabéu es algo entrenado. El Sevilla, y me duele por Manzano, vino a empatar y perdió, no quiso, no supo o no pudo ganar contra diez, y el Real, efectivamente, volvió a obrar un milagro. Y ahora serán tan tontos de prestarles a Gago y Granero.

También es cierto lo que dice Ramos: todo el mundo pudo verlo por la tele. Lo que yo vi es que el Barcelona se disparaba a los cuatro o cinco puntos porque Clos, malo como la carne del pescuezo, venía de turismo a Madrid. Gracias al golazo de Di María, a quien le dieron más que a una estera, el Real sigue enganchado a la Liga. Ya dije en otra ocasión que Mourinho quería que todo funcionase como un reloj en el club, desde la afición hasta la directiva pasando por los empleados; el objetivo sigue siendo muy difícil y consiste en poner a un hombre en la Luna, y él interpreta que no todos lo desean con la misma determinación. No puede ser, y en eso estoy con él, que sea siempre el entrenador quien dé la cara y se ponga a recoger a los heridos; tampoco puede ser que Valdano, que es a quien yo creo que Mourinho retrató ayer, funcione a base de la táctica del palo y la zanahoria.

Yo no creo que, por eso de la perfección y porque "cuando pierden dan la mano", el Real Madrid deba aguantar que un individuo como José María del Nido, declarado antimadridista, venga aquí a chotearse del único club que está haciendo posible que la Liga española no cierre por derribo en el mes de diciembre. Mourinho, como Ronaldo por cierto, se ha dado perfecta cuenta desde que llegó de que esto es una batalla; él viene preparado y resulta evidente que le gusta el olor a napalm por las mañanas, pero tengo para mí que ha detectado cierto señoritismo entre la cúpula directiva profesional, entre los que cobran vamos. Si Valdano, Pardeza y Butragueño (porque no veo a Florentino en ese papel) no están para apoyar al equipo, ¿quién lo está? ¿Del Niu?... Ojalá en el Santiago Bernabéu tuvieran tan perfeccionada la presión al árbitro como en el Sánchez Pizjuán, pero ni por esas; Madrid es la única ciudad importante del mundo a la que los árbitros vienen de compras al Corte Inglés. Por eso Mourinho quiere hablar con Florentino: porque todos, y no sólo él, están ante el reto de sus vidas. El movimiento se demuestra andando. Anden pues.

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