El penúltimo raulista vivo

Confirmada la bilocación de Schuster

Confirmada la bilocación de Schuster. El entrenador alemán, que aseguró al final del partido contra la Roma que la derrota no era tal y que el Real había merecido la victoria ante los italianos, estuvo en dos sitios al mismo tiempo: en el estadio Santiago Bernabéu y en Stamford Bridge, viendo jugar al Chelsea. Su confusión es, pues, perfectamente comprensible ya que ninguno de nosotros se ha visto sometido nunca al duro trance de tener que pasar por semejante desdoblamiento. No seré yo, que aún no consigo entender cómo no se hacen un lío en el Tiempo de Juego con tantos televisores y tantos partidos al mismo tiempo, quien arroje la primera piedra contra este hombre que, sometido a una especie de batidora existencial, equivoca lógicamente los nombres y confunde sin él pretenderlo a Gago con Lampard y a Diarra con Makelele, siendo éste último sin embargo mucho más pequeñito aunque bastante más activo que el malí.

Para que Schuster esté en condiciones de ofrecernos una opinión razonable del bochorno vivido ayer en el estadio Santiago Bernabéu, primero habrá que despresurizarle. Imagínense cómo habrá sido la cosa que el pobre hombre todavía piensa que su equipo eliminó al Mallorca de la Copa y que, puesto que la derrota de ayer no fue tal derrota, el Real Madrid continúa vivo en las tres competiciones. El trébol aún es posible, pero no un trébol de tres hojas, no, sino uno de seis o incluso de siete, una especia rarísima de trébol que aún está por descubrir. Mientras descienden a Schuster a la tierra, aquí abajo habrá que analizar lo acontecido ayer. Más allá de que al germano le quede muy bien el traje, coincidiremos todos en el hecho de que tuvo cuatro o cinco detalles de mal entrenador. Dejando a un lado el notable desorden táctico de su... ¿equipo?... lo cierto es que uno no puede exigirle a un futbolista como Soldado, a quien se ha engañado reiteradamente, que saque las lentejas del fuego cuando más quema la lumbre. La inexplicable tardanza en la sustitución del renqueante Salgado o el cambio de Drenthe, también demasiado tardío, son sólo algunas circunstancias más que anotar en el debe de un entrenador que pecó de novato.

Si Ramón Calderón fuera justo, le aplicaría ahora a Schuster exactamente el mismo protocolo empleado en su día con Fabio Capello, pero si a Schuster hay que despresurizarle a Calderón, que es capaz de anunciar en Telemadrid la ampliación del contrato de Guti con la cláusula de los 40 partidos y, dos semanas después, achacarlo todo a una invención de la prensa en una entrevista en Onda Cero, habría que descongelarle. Lo que menos me gustó a mí es que, cobrando religiosamente del Madrid, Schuster, por eso de la bilocación, pasase más tiempo en Stamford Bridge que en el estadio Santiago Bernabéu. Lo que menos gustará en la zona noble es que, más de cien millones de euros de inversión después, el alemán quiera echarle el muerto encima al director deportivo porque con los jugadores contratados por Mijatovic, otro que tal baila, el equipo jugó, según el propio entrenador, al más puro estilo Roger Federer. Se mire por donde se mire, la temporada es un fracaso y Schuster un fracasado deportivo en toda regla. El árbitro, por cierto, era griego y compatriota, por lo tanto, del filósofo Aristóteles, aquel que una vez, hace ya muchos siglos, afirmó lo siguiente: "No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho". El Real Madrid no puede permitirse el lujo de esperar a que Bernd Schuster aprenda a desatar un nudo en la Champions League. Que le apliquen el protocolo.
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