El penúltimo raulista vivo

Con ocho remeros como el Barça

Al Real Madrid, que acabó remontando en el minuto 65 un partido que previamente se había encargado de envenenar él solito con dos errores defensivos infantiles, le tocó seguir remando hasta que, al fin, llegó el golazo de Özil en el 72. Fueron 7 minutos de lenta agonía, de auténtico pavor puesto que estaba claro que al equipo de Mourinho se le escurría otro trocito de Liga por el alcantarillado del estadio José Zorrilla. Y aún así, incluso con el 3-2, el Valladolid podría haber empatado un encuentro que en justicia tendría que haber finiquitado Ramos con el gol legal que no concedió Pérez Montero. Es como si, con motivo de la tradicional regata que desde 1829 celebran todos los años las universidades de Oxford y Cambridge, se hubiera convertido en una tradición que la tripulación de la primera compitiera con dos remeros menos o durante 500 yardas más que sus eternos rivales.

Perdónenme que, viendo otra vez la repetición del gol mal anulado a Ramos o la evidente ojeriza demostrada por el cuarto árbitro de Pérez Montero hacia todo lo que oliera a merengue, vuelva a pensar en la reunión que Angel María Villar y Sandro Rosell mantuvieron el pasado mes de febrero en el hotel NH Alcalá de Madrid y que destapó Marca TV. Perdónenme que recupere aquellas palabras del ex vicepresidente culé Alfonso Godall en la que hablaba descaradamente del "saldo arbitral". Perdónenme que traiga aquí también a colación las recientes declaraciones de Javier Tebas, vicepresidente de la Liga de Fútbol Profesional, diciendo eso de que no llegan los mejores colegiados sino los "estómagos agradecidos". Y perdónenme de nuevo por mostrar mi absoluta perplejidad ante el hecho de que tanto la reunión Villar-Rosell como las declaraciones de Godall o Tebas hayan pasado desapercibidas y sin pena ni gloria.

Yo no digo que los árbitros regalen nada a nadie, tampoco por supuesto al Real Madrid, lo que exijo es que no quiten y que si lo hacen, ya sea por desconocimiento, falta de preparación o simple error humano, acaben pagando las consecuencias como sucede habitualmente con todo hijo de vecino en cualquiera de las actividades profesionales de la vida. Parece que el enfado de Mourinho, similar a aquel que mostraba el David Letterman de Los reyes de la noche cuando decía aquello de que él sólo era feliz cuando hacía su programa de la NBC, empieza a ser compartido también por futbolistas tan relevantes del vestuario como Iker Casillas, Pepe o el propio Sergio Ramos. Únicamente queda que alguien de la "zona noble" se decida a saltar a la palestra para explicar que el Real Madrid quiere correr la regata con ocho remeros como el Barça.

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