El penúltimo raulista vivo

Como perros y gatos

Un poquito de fair play, señores míos, un poquito de fair play, por favor, se lo suplico, que va a parecer que estemos en el rincón más peligroso y recóndito del Bronx. Qué dirían los señores Nuvolari o Fangio si levantaran la cabeza y nos vieran en esta escabrosa situación. Esto va a acabar siendo peor que la carrera de cuadrigas de "Ben-Hur", con Mesala, sea este quien sea, que yo ahí no me meto que luego todo se sabe, hecho puré por los suelos y los mecánicos de McLaren y de Ferrari que no estén espiándose en ese preciso instante, que haberlos haylos, lanzándose las cajas de herramientas y los neumáticos a la cabeza y quedando a la salida del circuito para forrarse a palos como si aquello fuera West Side Story sólo que sin Natalie Wood.

Ron Dennis confiesa que sus relaciones son muy frías con Fernando Alonso, éste no se habla tampoco con Lewis Hamilton, su compañero de equipo, quien, a su vez, parece que está siendo investigadísimo por Max Mosley, el capo canioneri del automovilismo mundial, para así tratar de implicarle también a él en el escándalo de los correos por e-mail en el que, al parecer, intervino junto a Alonso otro piloto español, Pedro Martínez de la Rosa, liberados ambos, por cierto, por el presi de la FIA después de que colaboraran con él al delatar a McLaren, equipo para el que corren y del que cobran religiosamente a final de mes, de ahí la frialdad confesada por Dennis hacia Alonso, su teórico piloto estrella y doble campeón mundial.

Por si fuéramos pocos y no tuviéramos ya bastante con la cruz de los tabloides ingleses y los periódicos sensacionalista alemanes, aparece ahora Niki Lauda, que de esto sabe un montón, y se pone a dividir a los pilotos en dos categorías sin que nadie se lo haya pedido: los egoístas absolutos, para quienes no hay nada más importante que ser los mejores del circuito, y los políticos, entre los que se encuentran su ex compañero Alain Prost, nuevo en esta plaza, y el ya referido Alonso. Para el austríaco, el francés y el español son unos verdaderos perros, añadiéndole al piloto de McLaren la propinilla de la debilidad de carácter. O sea, para Lauda, Alonso debe ser algo así como un San Bernardo mientras que Prost tiene que asemejarse más a un Doberman. Prost, que se sepa, aún no ha dicho esta boca es mía, pero, tal y como está el patio, lo dirá, vaya que si lo dirá. Aunque Lauda se ha matizado a sí mismo, como hizo la otra tarde Schuster, lo dicho, dicho está. Decididamente, si yo fuera Max Mosley suspendía el Gran Premio de Japón. Fair play, señores, fair play, por favor, que esto va a terminar pareciéndose al Bronx.

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