El penúltimo raulista vivo

Como Morata, Thomas se quedó... yéndose

El Arsenal llevaba más de un año coqueteando con Thomas Partey de modo que la sorpresa del Atlético de Madrid al conocer la noticia de que el club londinense estaba dispuesto a depositar los 50 millones de euros que aparecían en su contrato como cláusula de rescisión tiene que ser necesariamente una sorpresa fingida. Al Atleti le han vuelto a hacer un Lucas. Como con Thomas el Arsenal, con Lucas Hernández coqueteó el Bayern de Múnich durante muchísimo tiempo. Como con Thomas, al periodista que llamaba al club le decían lo mismo con Lucas: "No hay nada. Y, además, el futbolista quiere seguir". Eso mismo es lo que Enrique Cerezo decía sobre Lucas: "Quiere seguir". Luego, el Bayern llegó con los 85 millones de euros, el futbolista que no se quería ir se fue y se despidió con una carta: "No he querido molestar a nadie". Transcurrido el tiempo, el defensa añadió: "El Bayern es más grande que el Atlético de Madrid". Fin de la carta.

Con Thomas Partey han seguido exactamente el mismo guión: "No hay nada, aquí no ha llamado nadie, nos remitimos a la cláusula de 50 millones y, por si todo lo anterior no fuera suficiente, el jugador no se quiere ir". Thomas no se quería ir como no se quería ir Lucas y, ya puestos, de un modo muy similar a como no se quiso ir tampoco Morata. Pero Lucas está en el Bayern de Múnich, Morata en la Juventus de Turín y Thomas en el Arsenal. Es como ir una y otra vez al cine para ver Titanic con la vana esperanza de que, al final de la película de James Cameron, el transatlántico no se hunda. Pero se hunde. Si ves la misma película doscientas veces y te sorprendes por el hecho de que, al final, Jack Dawson muera sólo caben dos posibilidades: o eres muy tonto o te lo haces. No hay más.

Con esto también funciona el paraguas de la doble vara de medir. Ayer, en Fútbol EsRadio, me apropié de una reflexión muy certera que José Luis Sánchez, compañero y amigo de La Sexta, hizo por Twitter: si Oblak para, qué bueno es Oblak; si para Ter Stegen, qué privilegio para el Barcelona tener al mejor portero del mundo; ahora bien, si quien para es Courtois, qué malo es el Real Madrid. La dirección deportiva del Atlético de Madrid no se puede volver a ír de rositas. O quienes han gestionado el caso de Thomas son personas sin preparación y sin conocimiento o, como apuntaba incisivamente anoche en El Primer Palo José Miguélez, están en el ajo y fingen sorpresa ante una situación que no ha sorprendido a casi nadie porque, como decía, el Arsenal llevaba amagando un año con este jugador. Si la sorpresa es real, si la sorpresa no es fingida, el Atlético tiene un problema aún mayor porque entonces no es que sean malos actores, no, es que son muy torpes.

Para sustituir a Thomas Partey, que era un futbolista fundamental para Simeone y que se va, como ya venía anunciándose desde hace un año, al Arsenal, llega el uruguayo Lucas Torreira, que viene del... Arsenal. ¡Ángela María! Así que, a diez horas para el cierre del mercado, al Atleti le pilla por sorpresa que se lleven a Thomas pero, sin embargo, lleva dos semanas tratando de cerrar el fichaje de Lucas. ¿Casualidad? Como decía Schiller, la casualidad no existe, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas. Cuando hablaba del paraguas de la doble vara de medir bajo el cual vive el Atlético de Madrid, un club con un presupuesto de 400 millones de euros y entrenado por el técnico mejor pagado del mundo, me refería a casos como el de Thomas. ¿Alguien puede imaginar qué se estaría diciendo a estas horas si, en vez de ser el Atleti, el Arsenal y Thomas los protagonistas hubieran sido, por ejemplo, el Madrid, el City y Casemiro?

Miguélez apuntaba ayer algo muy interesante: cuando Simeone aprieta por un jugador, se queda. En el Atlético de Madrid no se mueve una hoja sin que lo sepa Simeone. Cuando el Cholo le apretó las tuercas a Griezmann, el francés aguantó un año más. A Simeone le quitan a un futbolista fundamental para él, una creación suya en realidad, pero, en el fondo, escarbando un poco, la inoperancia de la dirección deportiva, ya sea ésta real o fingida, a lo mejor no le viene tan mal a largo plazo: ¡Claro, como le quitaron a Thomas! ¡Claro, como fueron incapaces de retenerlo! ¡Claro, así no hay manera de competir! Siento el spoiler pero, al final de Titanic, el transatlántico se hunde y Leonardo di Caprio muere ahogado. Siento el spoiler pero cuando en el Atlético de Madrid aseguran que un futbolista se queda, se va: ¿Por qué? ¿Por dinero? ¿Por proyecto deportivo? ¿O por ambas? ¿O por ninguna de ellas? Me juego pajaritos contra corderos a que, si llamamos ahora mismo al Atlético de Madrid y preguntamos por Thomas Teye Partey, en el club aseguran lo mismo: "No hay oferta del Arsenal y el futbolista quiere quedarse". Se quiere quedar yéndose. Como Lucas o, más recientemente aún, como Morata. Con más o menos efectos especiales, al final de la peli... el Titanic se hunde.

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