El penúltimo raulista vivo

Como en el Monopoly

El límite del reglamento del fútbol está tan claro como pueda estarlo la frontera entre España y nuestra vecina Portugal: afortunadamente es nítida y aparece dibujada en todos los libros de geografía, con la única diferencia de que a los árbitros se les obliga a delimitar la frontera entre lo legal y lo ilegal en décimas de segundo. ¿Qué pasaría si nos fuéramos a la cama con Olivenza española y nos levantáramos con Olivenza portuguesa?... Pues que todo saltaría por los aires. Y eso es precisamente lo que ocurre con el reglamento, que en el partido de los lunes Olivenza es claramente española, en el de Champions del martes es portuguesa, los miércoles vuelve a ser española, en la European League pasa a Portugal, en el partido de los viernes de Segunda División volvemos a recuperarla, los sábados nos la quitan y el domingo la hacemos nuestra otra vez... para volver a perderla el lunes.
 
Preguntado por lo que sucedió el domingo entre Nivaldo (que se escribe con uve) y Ronaldo, (que se escribe con erre) Miguel Angel Lotina, que es uno de esos extrañísimos especímenes que jamás escurre el bulto, ha dicho que "al Real Madrid hay que jugarle al límite del reglamento". Pero eso no fue lo que sucedió en Valladolid; Nivaldo pasó clarísimamente en Zorrilla al otro lado de la frontera y Mejuto González, de quien no dudo en absoluto que se sepa el reglamento, dejó que Olivenza volviera a ser portuguesa. Y no fue sólo Nivaldo. No sé quién dijo el otro día que no creía en absoluto que Onésimo hubiera aleccionado a sus chicos para que salieran al campo a lesionar a Cristiano; yo tampoco lo creo. Lo que sí creo es que los futbolistas del Valladolid saltaron al terreno de juego con la lección bien aprendida de que a Ronaldo resulta fácil sacarle de sus casillas, y en ese O.K. Corral hubo alguno que se pensó que el monte era orégano y él Billy Clanton.

Soy de los que creen firmemente que el Real Madrid está perdiendo la batalla mediática. Ahí está, por ejemplo, el "caso De la Red", fatalmente explicado y que se ha convertido en un bumerán con el que hacer demagógicamente sangre al club. Todo vale para sacudirle al Madrid y este ánimo de vendetta quizás tenga su orígen en los 100 millones de euros invertidos por Florentino Pérez en Cristiano. El Barcelona, por ejemplo, se gastó en Ibrahimovic lo mismo que el Madrid en Kaká y sin embargo parece que el Real paga en euros y Joan Laporta lo hace con Mortadelos. Noté cierta delectación por parte de algunos en el hecho de que Cristiano tuviera que estar un mes y medio en su casa; recuerdo que se dijo incluso que el portugués fingía y que lo único que quería era "borrarse" del partido contra el Sevilla en el Sánchez Pizjuán. Si el próximo julio Florentino se decidiera por gastarse al final una cantidad de dinero similar o incluso superior a la que invirtió en su día en Ronaldo, tendría que ir pensando en ir diciendo por ahí que él, como pasa con Laporta, también paga con dinero de mentirijilla. Para que nadie se enfade. Como en el Monopoly. El Paseo del Prado por cuatrocientos euros. Barcelona por un millón.
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