El penúltimo raulista vivo

Clases de catalán con Samuel Eto'o

La verdad es que si me dijeran que eligiera ahora mismo el momento más sonrojante, el episodio más vergonzoso, el instante más lamentable de todos los que han venido produciéndose desde el domingo pasado en este nuevo "caso Eto'o", sinceramente no sabría qué decir, ni tampoco con cual de todos quedarme. Ya resulta bastante vergonzoso que, después de comprobar cómo un futbolista de Camerún le pide a una periodista que le traduzca una pregunta del catalán al español, el presidente de un partido político nacionalista ponga en marcha su maquinaria de influencias para que éste jugador pida perdón. ¿Perdón por qué? ¿Por pedir que en España te hablen en español?

Más triste aún, si cabe, resulta el hecho de que dicho futbolista, conocido además por su fuerte carácter, por su personalidad a prueba de bombas, un tío capaz de amenazar con marcharse de un campo de fútbol si siguen insultándole desde la grada, incline la cerviz y acabe aceptando la reprimenda política, acudiendo a continuación raudo y veloz a un programa de TV3 para decir que él es un buen chico, que se porta bien, que intenta adaptarse a Cataluña y que lo entiende casi todo cuando le hablan despacito. Des-pa-ci-to. Siendo, que lo son, difíciles de superar las dos circunstancias relatadas con anterioridad, quedan sin embargo a la altura del betún cuando observamos, no sin cierta perplejidad, que Eto'o, un fiero león transformado de repente en un dócil corderito, desvela que en su contrato existe una cláusula según la cual todos los jugadores del Barcelona tienen que aprender catalán en un plazo de tiempo prudencial.

Menudo reality show. "¿Por qué no va a clases de catalán?", le preguntan. "No las necesito", dice Eto'o, "lo aprendo escuchándolo cada día". Por un momento llegué a pensar que el periodista de TV3 se quitaría el cinturón en medio del programa y, al grito de "¡has sido un niño muuuy, pero que muuy malo!", le pondría rojo el pompis al ex león de Nkon. Afortunadamente no fue necesario porque a esas horas el león se había metamorfoseado ya en un lindo gatito. El episodio no me parece insignificante. Si son capaces de hacer esto con Samuel Eto'o, imagínense ustedes lo que pueden hacer con otros jugadores más blanditos. Decía Manuel Azaña que la libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres. Así es.
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