El penúltimo raulista vivo

Cincuenta y siete días y quinientas noches

Cincuenta y siete días y quinientas noches después de su primera reunión de urgencia, la Comisión Antiviolencia se vuelve a reagrupar por fin esta tarde para saber si "sí" o si "no", si "a lo mejor" o "si puede", si "quién sabe" o si "quizás". Mil trescientas sesenta y ocho horas han pasado desde que, con motivo de la final de Copa entre Barça y Athletic, el Camp Nou se convirtiera en un inmenso akelarre antiespañol cuyas dianas preferidas fueron, por este orden, Su Majestad El Rey Felipe VI de España y la Marcha Real, también conocida como Marcha Granadera o Marcha de Granaderos, ambos, persona e himno, símbolos de la unidad nacional. La urgencia de aquel lejano 1 de junio y el aparatoso show que, con los secretarios de Estado de Seguridad y de Deportes como actores principales, se montó alrededor de aquella cita, ha dado con nuestros huesos en el día de hoy, 27 de julio, como antes decía cincuenta y siete días y quinientas noches después de que al Rey le insultaran para solaz del presidente de la Generalidad catalana de cuyo nombre no quiero acordarme, que acabo de desayunar.

Es tal la molicie de la Comisión Antiviolencia que, si nos paramos a observar detenidamente, siempre ha resucitado de entre los muertos gracias a la corriente emitida por el desfibrilador de la UEFA. La voluntaria ausencia del Rey en la final de la Copa de Europa, la primera en los últimos quince años, no fue, al parecer, un estimulante lo suficientemente potente como para sacar a estos caballeros de sus tumbas deportivas y tuvo que ser la amenaza de expediente de Michel Platini, que no se encuentra precisamente clasificado entre los mil mayores admiradores de España, la que recondujera de nuevo la sangre a la cabeza de nuestros comisionados, retornándoles momentáneamente al ajetreado mundo de los hombres. Los treinta mil euros de sanción por las esteladas exhibidas en la final contra la Juve, tan criticadas por Piqué, que es el nuevo Xavi, que fue el nuevo Guardiola, dejan nuevamente con el trasero al aire a los nuestros, que van siempre por detrás del francés.

Así que esta tarde, al fin, se reúne la Comisión encargada de recabar información acerca de la investigación abierta tras el exámen llevado a cabo al finalizar la primera subcomisión, la del 1 de junio, en la que se plantearon las normas con las que en el futuro debería tratarse lo expuesto por los encargados de revisar los datos extraídos de las primeras expediciones de Edward Whymper al Montblanc. He de confesar que le he pillado tanto cariño a esta Comisión que, llegados a este punto, ya no vería con malos ojos sino todo lo contrario si la reunión de hoy acabara con el encargo a la subcomisión de formar en un futuro próximo, pero nunca antes del mes de septiembre, menos caluroso en principio que estos junio y julio infernales, pequeñas minicomisiones que revisaran el acta del partido firmada por el árbitro, aquella pequeña obra maestra que finalizaba así: "Público: normal". Normal que se rían del Rey en su cara. Normal que nos insulten a los españoles. Normal, todo muy normal.

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