El penúltimo raulista vivo

Ciego Lissavetzky

"¿Qué ve el ciego, aunque se le ponga una lámpara en la mano?" Este proverbio hindú refleja mejor que nada, mejor que uno, diez, cien o mil artículos de opinión, editoriales o programas de radio y televisión, la pasividad del secretario de lo que nos queda de Estado, que por cierto cada día que pasa es menos, para lo que nos queda de Deporte. ¿Qué ve Jaime Lissavetzky, aunque se le ponga una lámpara en la mano? ¿Qué ve Lissavetzky de lo que va a suceder este fin de semana en Mendoza con el mundial de fútbol sala? ¿Qué vería Lissavetzky en el hipotético caso de que tuviera a su servicio en el Consejo a un millón de lampareros alumbrándole con dos millones de lámparas, una en cada mano, de la enésima burla nacionalista dirigida contra los intereses legítimos del Reino de España? Nada, no ve nada.

La infantil reacción del ciego que mal dirige nuestro deporte ha sido la de enviar una notificación a las autoridades argentinas para recordar que la representación internacional corresponde exclusivamente a la selección española, como si en Argentina no supieran ya perfectamente a estas alturas que España es España y que Cataluña es sólo una de las comunidades autónomas integradas en el Estado español. Pero Cataluña jugará contra 15 selecciones que, éstas sí, participarán en la competición en representación de sus estados soberanos. Entre viaje y viaje, Lissavetzky ha tenido tiempo y recursos más que suficientes como para pergeñar un método algo más efectivo y/o disuasorio que recordarles a los argentinos que España sigue siendo España, mal que le pese a Carod, y que el Tajo nace en la Sierra de Albarracín, sita en Teruel, también español.

Dormimos con nuestro enemigo y los nacionalismos pretenden obtener a través del deporte la llave mágica que les abra la puerta de una representación internacional que la ley no les concede. Si, como aducen, es cierto que la Ley del Deporte tiene grietas importantes, no lo es menos que Lissavetzky lleva ahí tres años largos y no ha movido ni un sólo músculo para evitar el ridículo español. La primera (y última) vez que Lissavetzky pisó la Cadena Cope como jefe de nuestro deporte fue para decirme, indignado e inquieto, mordiendo el purazo, que nunca, jamás, Cataluña jugaría un partido internacional contra España. No le creí entonces y naturalmente sigo sin creerle ahora. Los independentistas nos siguen poniendo la cara como Muhammad Ali se la puso al pobre Ernie Terrell el 6 de febrero del 67, como un mapa. Lissavetzky manda cartas a los Reyes Magos de Oriente y nosotros seguimos recibiendo más que una estera por su culpa. El próximo recibo, este fin de semana en Argentina. Otro pasito más de Montilla.

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