El penúltimo raulista vivo

Charlton, Moore y un muchacho que vino a vender camisetas

Si nadie lo remedia, Raúl González Blanco se convertirá en el máximo goleador histórico del Real Madrid y probablemente en el mayor goleador de la historia de una competición que hoy mismo cumple sus primeros 80 años. Al 7 sólo le ha faltado ir pidiendo perdón de rodillas por La Castellana por el pecadillo de haber alcanzado los 307 goles que marcó uno de los dos factótums del club, pero si don Alfredo di Stéfano ha sido capaz de perdonarle, no sé por qué no habríamos de hacerlo los demás. Supongo que todos sus pecados serán veniales -Quini, César Rodríguez, otra vez Di Stéfano y Hugo Sánchez- hasta llegar a Telmo Zarraonandia Montoya: no sé si seremos capaces de perdonarle algún día a Raúl que marque más goles que el que más marcó; si sabe lo que le conviene se lo pensará dos veces. Otro que no sabe con quién se la está jugando es David Robert Joseph Beckham, el muchacho que vino a España a vender camisetas.

Todo estaba relativamente tranquilo en Inglaterra hasta que llegó este guapito de cara a estropearlo. Charlton en su sitio y Moore en el suyo. Y, por delante de ambos, el inalcanzable y eterno Shilton. Bobby Moore había sido el gran capitán de la selección inglesa que conquistó el Mundial de 1966, sin duda alguna el mayor éxito del equipo de Inglaterra, y era justo que fuera él precisamente quien hubiera vestido más veces la camiseta del equipo nacional. Lleva tanto tiempo Inglaterra sin ser Inglaterra que era de justicia histórica que Moore y Chartlon conservaran las esencias de lo que un día fue y nadie sabe si volverá a ser alguna vez. Pero llegó Beckham. El fashion Beckham. El marido de la pija Beckham. El de los pendientitos Beckham. El del slip por fuera de los pantalones Beckham. El medio actor Beckham. Un tipo insultantemente guapo. Un vendedor de camisetas.

Ya tuvo la osadía de igualar a Charlton en octubre, pero, no contento con eso, pretende ahora alcanzar al mejor defensa de la historia en opinión de Pelé, removiendo los cimientos de un fútbol tranquilo y que pretende vivir plácidamente de sus rentas. Podría haberse retirado. Habría sido lo mejor para él. Una peli con Tom Cruise por aquí, un anuncio de colonia por allá... Pues no. Dejó de vender camisetas en el Manchester United y vino a venderlas al Real Madrid, y luego, cuando todo volvió a estar claro en Los Angeles Galaxy, jubilado por los otros, decidió seguir vendiendo camisetas en el Milan. Capello, el italiano que quiso impedir a toda costa que siguiera jugando en el estadio Santiago Bernabéu y que luego se dio cuenta del error que había cometido, cuenta con él otra vez y ahora desde el puesto de seleccionador inglés. David tiene 33 años y ha acumulado el dinero suficiente como para retirar a los hijos de los hijos de los hijos de Brooklyn, Romeo y Cruz. Pero el anciano sólo tiene un defectillo, un vicio que algún día tendremos que pasarle por alto: le gusta el fútbol. Ya lo sé, no es muy normal, pero qué se le va a hacer... ¡El chico es inglés!
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