El penúltimo raulista vivo

Casillas y Ramos, dos casos distintos

Los casos de Casillas y de Ramos no son iguales. Alrededor del primero se ha generado un debate que fue futbolístico sólo durante un breve instante, cuando José Mourinho decidió sentarlo en el banquillo. En cuanto los Tattaglia metieron sus zarpas, el debate se emponzoñó... y la hiel ha llegado hasta el momento actual. Mou se fue, llegó otro entrenador que también sentó a Iker, se redobló la ponzoña, ésta se trasladó a la grada y el guerracivilismo se apoderó de la afición madridista. Por supuesto que nada de esto habría pasado si Casillas fuera el portero de antaño, el salvapartidos milagroso, el santo... pero ya no lo es. Iker ya no es el mejor, y él lo sabe. Y sus atolondrados abogados defensores, que también lo saben, morirán con las botas puestas y el birrete calado hasta las cejas antes de tener que admitir que José Mourinho, un entrenador de club y no de jugadores, fue el primero en detectar que Casillas ya no era el número uno.

Si Mou hubiera errado con su complicada decisión (entre la tranquilidad personal y la honestidad profesional, el portugués optó por la segunda) aquel 22 de diciembre de 2012 o si lo hubiera hecho después Ancelotti, rebautizado aquí al principio como El Pacificador con el único objetivo de hacerle más daño a su antecesor en el banquillo, Rafa Benítez, que acaba de llegar, no le habría comunicado hace poco a Iker, tal y como desveló Sergio Valentín en Libertad Digital, que no contaba con él como portero titular. Lo de Casillas, en suma, se veía venir, y lo que conviene ahora es que tanto club como jugador engrasen económicamente la operación de desembarco en el Oporto, que le quiere, para que ésta llegue a buen puerto. A Iker hay que darle las gracias por los servicios prestados, que han sido mayúsculos, desearle que le vaya bien en Portugal y despedirlo como lo que es, uno de los mejores porteros que ha tenido el Real Madrid a lo largo de su centenaria historia. Fue muy bonito mientras duró, pero se acabó.

Lo de Ramos es totalmente distinto. Lo de Sergio nos ha pillado a todos con el paso cambiado y en absoluto fuera de juego. Si al final se va del Real Madrid (los periodistas más cercanos a René siguen sin apearse de la burra de que su decisión es más firme que los Picos Rocosos de Australia) al club no le quedará otro remedio que reaccionar sustituyendo deprisa y corriendo a uno de los tres o cuatro mejores defensas centrales del mundo. Aún así, conviene esperar. Recuerdo que cuando Mou sentó a Iker en 2012 empezó a especularse con su inminente salida, que no pasaría en ningún caso del verano de 2013; pasó el tórrido verano, llegó el otoño y la caída de la hoja, después el crudo invierno, que en Madrid igual que mata a una vieja apaga un candil, y, de nuevo, otro verano, el de 2014: si acaba diciendo "sí, quiero" al Oporto, Iker Casillas se habrá marchado dos años después de lo que nos anunciaron los Tattaglia que sería un adiós inmediato. Si Ramos se va porque, tal y como nos quieren hacer ver, su relación con Florentino, que fue quien le trajo invirtiendo en él una millonada, es como la de un Montesco con un Capuleto, el Real Madrid deberá rehacerse... y seguir. Los futbolistas pasan, el club permanece.

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