El penúltimo raulista vivo

Canta, Marta, canta. Canta por España

Independientemente de la letra (porque la música ya la tenemos) la iniciativa de Marta Sánchez de cerrar el concierto conmemorativo por sus 30 años como cantante profesional en el Teatro de la Zarzuela con el himno nacional es buena per se. Es tan buena la idea de Marta, tan reconfortante y tan patriótica, tan rejuvenecedora y tan estimulante, tan chispeante, que inmediatamente ha despertado las suspicacias de los de siempre, fundamentalmente Podemos y sus satélites mediáticos; el PSOE tampoco es que haya reaccionado con excesiva alegría y, por ejemplo, Carmen Calvo, la del famoso, y trágico a la vez, "Pixi y Dixi", hacía referencia a la maldición bíblica que, al parecer, cayó sobre nuestras cabezas hace más de 500 años: "Yo os maldigo y jamás tendréis letra en vuestro himno". Tampoco tuvimos antes, señora ex ministra de Cultura, Comunidades Autónomas... y ahora las tenemos. Y eso sí que supone de veras una maldición.

Ni siquiera el PP ha reaccionado demasiado bien. Zoido, el ministro del Interior, ha lanzado un suspirito, mientras que el presidente del Gobierno, Rajoy, ha publicado un tuit, que es como el plasma de las redes sociales. Sólo Esteban González Pons, que anda desterrado por las Europas, se ha atrevido a proponer algo verdaderamente inaudito, revolucionario y kamikaze: "Me gustaría que Marta Sánchez cantara con su letra el himno nacional español en la próxima final de la Copa del Rey". Puede que, por cosas tan atrevidas como esas, González Pons esté allí y no aquí. Centrar el debate en la letra, como probablemente sucedió anoche en El Primer Palo, es un error de calado y supone desviar radicalmente el tiro. Tratar de poner de acuerdo sobre algo, lo que sea, a 50 millones de españoles es imposible.

Pero a mí me gusta la letra del himno español de Marta Sánchez, me gusta Marta Sánchez, me gusta mucho el padrino de Marta Sánchez, me gusta Cristal Oskuro y me gusta Olé Olé, todo lo suyo me gusta, desde la punta de la nariz hasta el último dedo del pie. Y, como a González Pons, me encantaría verla cantar el himno nacional español en la final de la Copa del Rey. Ella, según me dijo ayer Sergio Valentín , ya ha dado su conformidad, así que adelante. ¿O debemos esperar acaso a que el Barça no llegue a la final de la Copa del Rey de una nación en la que no cree para así evitar el problema de los insultos, las vejaciones al monarca y los pitos al himno, ya sea cantado o mudo? Canta, Marta, canta. Canta con ese portentoso par de pulmones con los que te bendijo Dios. Canta por España. Canta por todos nosotros.

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