El penúltimo raulista vivo

Camino a la décima

Conserva Paul Breitner ese aire de zorro rojo, entre atento y distraído, entre absorto y concentrado, muy similar al del comisario Jean-Baptiste Adamsberg parido por la pluma y el fino ingenio de la inigualable Fred Vargas. Sigue siendo un hombre indefinible dentro del cual continúa refugiándose, como en las matrioskas rusas, un futbolista incalificable, un jugador que leía, y aún lee, y que llegó al Real Madrid con Franco agonizante y se marchó, con El Capital de Karl Marx bajo el brazo, en plena transición, con fama de rebelde. A Breitner, y aunque sólo sea porque estuvo allí seis años más que aquí, se le recuerda más por sus éxitos en el Bayern de Munich que por los que logró en el Real Madrid, y sin embargo la mano inocente de este pulpo Paul de Baviera acaba de servirle en bandeja de plata al equipo blanco un camino expedito con destino final en la décima.

El sorteo lo tiene todo para el Real Madrid. El Apoel, la cenicienta de cuartos, a las primeras de cambio; en semifinales, cuando ya resulta de todo punto imposible cruzarse con una perita en dulce, el Bayern o el Olympique de Marsella; y, en una hipotética final, Chelsea, Milan o Barcelona. El equipo blanco podrá resolver sus dos eliminatorias en el estadio Santiago Bernabéu, eludiendo al coco culé y jugándose el todo por el todo a una carta, que es lo que motiva verdaderamente al entrenador portugués y dónde él sabe moverse mejor. Entiendo, por supuesto, todos y cada uno de los prudentísimos pronunciamientos que al respecto haga Emilio Butragueño, que por lo demás es desde hace veinticinco años el fair play personificado, pero a nadie escapa que este sorteo, o uno muy similar, lo ha soñado esta noche José Mourinho.

El sorteo tiene además otra virtud añadida para los merengues. El otro día analizábamos el calendario liguero que le queda por delante al Real Madrid y, en comparación con el que tiene el Barcelona, es de órdago a la grande. Por supuesto que Guardiola, que no es tonto, se cambiaría por Mourinho con los ojos cerrados, pero es que los culés, que tienen la Liga imposible, no podrán distraerse en una Champions que va a exigirles el cien por cien. Resumiendo que es gerundio... Todo tiene una pinta estupenda para el madridismo: diez puntos de ventaja con respecto al Barça en la Liga y una Champions ligerita hasta mediados de abril. Nadie ha dicho que soñar esté prohibido. Que se lo digan, si no, a Mourinho, que lo hizo con un sorteo como el de hoy y se ha cumplido.

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