El penúltimo raulista vivo

Cállate Iturralde

Me dicen que Eduardo Iturralde González es un tío fantástico, un ameno conversador y un hombre con el que se puede pasar un rato agradable. Lo creo. Iturralde será todo eso y más, seguro que sí, pero como árbitro profesional de fútbol ha sido un auténtico festivalero, un colegiado más proclive al show que al reglamento y más ocupado en su propio lucimiento personal que en tratar de impartir justicia. Como pruebas de esto que digo aporto los mil y un partidos en los que se habló bastante más de él que de los jugadores o, por ejemplo, el modo tan espectacular que ha tenido recientemente de abandonar el arbitraje. Digo que Iturralde es un festivalero, sí, pero no que sea tonto: se marchó, un minuto antes de tener que dejarlo por la fuerza, montando un auténtico circo y quién sabe si pensando en convertirse en el nuevo Sánchez Arminio.

Yo, pese a todo, sigo creyendo en la honradez de los árbitros españoles como norma general aunque sea obvio que tienen un problemón histórico con la famosa unificación de criterios y que hay algunos francamente muy malos dirigiendo partidos en Primera División. Igualmente creo que, del mismo modo que las hay en la forma de vestir o en la música y el cine, en el arbitraje también nos encontramos con "tendencias" y la actual tira más hacia el lado del Fútbol Club Barcelona que hacia cualquier otro: Laporta, y ahí están las declaraciones de Godall y su "saldo arbitral", supo hacer lobby apoyando a Villar en detrimento de González, a quien apoyó Florentino, y haciendo añicos la unidad de voto de la Liga de Fútbol Profesional. El Real Madrid se despistó y lo sigue pagando.

Decía que creo en la honradez de los árbitros aunque declaraciones como las efectuadas por Iturralde atacando a Mourinho en una radio catalana cuando resulta que no ha hecho más que colgar el pito no me ayuden en absoluto a defender mi ya de por sí debilísima posición. Las declaraciones demuestran un claro resentimiento hacia el entrenador portugués, que da la casualidad de que dirige al Real Madrid, y podrían alentar de nuevo entre los malpensados la teoría de la conspiración. Porque si Iturralde dice lo que dice es pura y simplemente porque los árbitros españoles en activo piensan aproximadamente lo mismo aunque por motivos obvios no lo puedan decir mientras permanezcan dentro del negocio. Las manifestaciones de Iturralde, en fin, corroboran que tampoco la justicia deportiva es ciega y que, lejos de tratar a todos por igual, tiene memoria, apunta matrículas y, aunque pase mucho tiempo, no hace prisioneros. Feo asunto. Y muy inoportuno cuando estamos entrando en el sprint final de la Liga.

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