El penúltimo raulista vivo

Bucles de selección

Anoche debatimos sobre la España futbolística, que de la otra ya se encargan los filósofos. Veinte años después me encontré haciendo en El Tirachinas las mismas preguntas y recibiendo más o menos las mismas respuestas. Una de ellas, en concreto la de por qué la absoluta no funciona y las inferiores sí, se ha convertido en un auténtico clásico. Hacíamos la misma pregunta con Iñaki Sáez, y antes con Camacho, y antes con Clemente, y antes con Suárez, y antes con Miera, y con Miguel Muñoz ya no recuerdo qué preguntas se hacían, aunque seguro que la respuesta sería muy ingeniosa porque era un madrileño con mucho gracejo, un chulapo.

Mucho me temo que seguiremos haciendo la misma pregunta con Del Bosque, Víctor Fernández, Jabo Irureta o quien sea que venga detrás de Luis Aragonés cuando le echen a la calle o él decida marcharse. Yo mismo le hice esa pregunta a Sáez durante la pasada Eurocopa de Portugal, y la respuesta de aquel hombre que empezó tan seguro de sí mismo y que luego acabó volviéndose majareta y volviéndonos locos a los demás, fue la misma de siempre: "Estos ganan, pero luego no juegan". Así que lo ganan todo con diecisiete o con veintidós años, pero luego son suplentes de holandeses, franceses o ingleses a los que previamente vencieron, siendo más jovencitos, en Eurocopas y Mundiales. A esto se le suele llamar un bucle.

Engordaremos, pues, con Lichichí, para luego morir nuevamente en la Eurocopa. Jugamos bien cuando somos infantes o cuando se trata del torneo de la galleta; cumplidos los veinticinco, tras más de trescientos afeitados, perdemos, perdemos y volvemos a perder. Al parecer, en Islandia no existió demasiada comunicación entre el seleccionador y los seleccionados. Luis quería el balón al suelo mientras que los jugadores no hacían otra cosa que mandarlo insistentemente al cielo. Torres, que ha pasado de niño a hombre en Liverpool, tampoco estaba demasiado contento con su cambio. Todos los indicios apuntan claramente hacia un final de ciclo, pero Ángel Villar, cuya presidencia no se ha caracterizado jamás por tomar decisiones rápidas o lentas y que ahora anda metido en su guerra particular con el Consejo Inferior, dejará que Luis se estrelle para traer a otro y seguir él. Otro bucle.

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