El penúltimo raulista vivo

Brotes verdes y selva amazónica culé

En la economía española no sé si habrá muchos brotes verdes, lo que sí sé es que en el fútbol español (y por extensión europeo) hay una selva amazónica azulgrana que ha arraigado con tal fuerza que, aunque es cierto que por poco tiempo, ha sido incluso capaz de crear un microclima en la mismísima fuente de Cibeles, considerada por todos como el "sancta sanctorum" del madridismo. Muchas podadoras deberá sacarse de la manga Florentino Pérez si quiere arrancar tanta vegetación culé como ha brotado en la última temporada. El único candidato a la presidencia del Real Madrid dijo que iba a hacer en un año lo que debería haberse hecho en tres. De todos es sabido que la risa en el fútbol va por barrios y que hoy festejas la triple corona y mañana no te comes un colín, pero el caso es que viendo jugar al Barcelona, el desparpajo y la alegría que exhibe en todos y cada uno de los partidos que disputa, da la sensación de que el ciclo alcista del equipo de Guardiola va para largo.

Ayer, sin ir más lejos, el Manchester le duró lo que decían antiguamente -no sé si ahora, con esto de las Play Stations, habrá cambiado mucho el cuento- que duraba un caramelo a las puertas del colegio. Y eso que Ferguson no salió como el Chelsea sino que buscó arriba al Barcelona desde el primer minuto de juego, acogotándole y pillándole sin ese guión aprendido. El gol de Eto'o a los diez minutos descuadró al United y entonó hasta el final al Barcelona que, por delante en el marcador, fue el Barcelona al que ya estamos tan acostumbrados. Decía Giggs, ese mito que aún va en pantalones cortos, que la derrota les serviría de aprendizaje para la próxima vez, pero eso se lo dirá a todas. El Barça, con ligeros altibajos como les pasa a todos, ha jugado así al fútbol desde el mes de agosto y el Manchester y el resto de rivales no han podido aprendérselo porque, ¿cómo aprender lo impredecible?

Efectivamente Guardiola es un privilegiado por poder contar con todos esos magníficos jugadores. Yo creo que Iniesta y Xavi tampoco tienen ni idea de lo que van a hacer una vez que han saltado al campo. El entrenador dará unas nociones generales, intentará ordenarles coherentemente y, como decía Lippi, colocar correctamente a cada pez en la pecera, controlará que el vestuario no se desmande demasiado, tratará de ser lo más justo posible e intentará mantener físicamente en condiciones a sus futbolistas, pero al final serán ellos siempre quienes marquen las pautas a seguir. En matemáticas podremos aprender que 2+2=4, pero a Iniesta y Xavi nadie se les puede aprender porque no están en ningún libro que los explique. Frente a los brotes verdes del Madrid de Florentino, una promesa de futuro, la frondosa realidad de la selva amazónica culé, fuerte, vigorosa y creciente. Una batalla en principio desigual pero muy interesante.
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