El penúltimo raulista vivo

Borbalán y Agüero a la nevera

La verdad es que no tengo ahora mismo aquí todos los datos, pero no creo que si el Atlético de Madrid no ha ganado todavía ni un sólo partido en el estadio Santiago Bernabéu en todo lo que llevamos consumido del siglo XXI haya sido precisamente porque los árbitros le han perjudicado. Lo digo más que nada porque Enrique Cerezo da a entender precisamente eso, que si el Atlético no ha ganado más partidos es porque en casa del Madrid sólo se equivocan contra el Atleti. Borbalán estuvo mal en algunas jugadas puntuales y Agüero estuvo peor en otras: al primero tendría que llamarle a capítulo el tito Vito, mientras que Abel debería encerrar al segundo en la nevera de los jugadores, si es que hubiera, por fallar en la suerte decisiva cuando el Real se acochinaba en tablas. Que yo sepa, en ninguna de las seis o siete ocasiones clarísimas de gol que tuvieron el Kun, Forlán o Sinama Pongolle, más sólos que la una delante de Casillas, tuvo intervención alguna el señor Borbalán.
 
La misión del tito Vito es someter a un control de calidad a sus árbitros, y la de Abel, Denia, Sabas o el sursum corda es entrenar más para que las pelotitas entren en vez de irse fuera. Por cierto, hablando de Abel: una victoria en casa ante el Barcelona y un empate en el estadio Santiago Bernabéu han sido motivo más que suficiente para que en la zona noble del estadio Vicente Calderón se planteen ampliar el contrato del entrenador. De todos es conocido que no existe nada ahora mismo, salvo, quizás, una cena romántica con Charlize Theron, que me haga más ilusión que brindar por el veleño, pero la experiencia me aconseja esperar un poquito más hasta descorchar la botella de cava que tengo en la nevera. Cinco jornadas después de la destitución de Javier Aguirre -el primer técnico que logró clasificar al equipo para la Champions en los últimos diez años- Abel, que no niego que se conoce la casa de arriba abajo y de izquierda a derecha, tiene al Atlético de Madrid clasificado exactamente en la misma posición que el mejicano.

El caso es que todo el mundo ha ido a celebrar a Neptuno la victoria ante el Barcelona en casa. La excusa es siempre la misma: "¡con este ganamos y con el otro perdíamos!". Es cierto que con "el otro" el Barça le había tomado la medida al Atleti, pero "este" ganó como ganó, en un partido absolutamente loco, ante un equipo que andaba tocado y cuando nadie daba ya ni un euro por la suerte rojiblanca. La obligación del Atlético de Madrid, que es un grande, consiste en ganar sus partidos del Calderón, también los que le enfrentan al Barcelona, aunque entre sus propios aficionados se hayan producido algunos instantes de notable confusión en los que no tenían del todo claro si preferían llevarse los tres puntos o perjudicar al Real Madrid en su lucha por el título. Pero no miraré más atrás porque, tal y como dice el refranero, bien está lo que bien acaba. Ahora Abel debe centrarse en mejorar al menos lo que hizo Aguirre y dejar al Atlético en tercera posición: ese objetivo lo tiene a tiro de piedra, diez puntitos de nada, pero no albergo la menor duda de que acabaré descorchando la botella de cava y brindando por él y por su merecidísima ampliación de contrato. ¡Dios salve a Resino! 
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