El penúltimo raulista vivo

Bienvenido al Real Madrid, Vinicius

Decía Robert Herrick que el lenguaje noble de los ojos es una lágrima. Durante mucho tiempo pareciera que los hombres tuviéramos vedado llorar en público, como si llorar fuera un síntoma de debilidad, sinónimo de inestabilidad, cuando no es así. La lágrima es, en palabras del poeta inglés, el lenguaje noble de los ojos, ahí no hay ni trampa ni cartón. El último hombre a quien vi llorar por un asunto deportivo fue a Marcelino, destituido de la noche a la mañana por el temible Lim, y Marcelino tiene 54 años y, como diría Luis Aragonés, el culo pelado. Y, aún así, lloró en su última rueda de prensa como entrenador del Valencia. Porque, además de lenguaje sincero y noble, la lágrima es válvula de escape. Llorar no está bien visto en el deporte de élite porque es poco competitivo. De un profesional del deporte se exige concentración, aislamiento del mundanal ruido pero no sentimiento cuando resulta que el deporte es una de las prácticas más sentimentales y más humanas que existen. Marcelino, que es un hombre hecho y derecho, lloró, gimió casi, se le escapó un hipito, a punto estuvo de derrumbarse... ¿Cómo no habría de llorar un niño?

Porque eso es lo que es Vinicius Junior, no lo olvidemos, un niño. Un crío que ha salido de su país para jugar en un equipo nuevo, con nuevos compañeros, un idioma nuevo, nuevas costumbres y un entorno distinto. Para más inri, Vinicius no ha venido a un club cualquiera sino al club deportivo más importante de la historia y, por lo tanto, el más exigente del mundo, el de las 33 Ligas y las 13 Copas de Europa. Si algo no tiene el Real Madrid es tiempo y lo que necesita esa afición es que, ya sea niño o veterano de la guerra del Vietnam, el futbolista facture cuanto antes. Tras el gol que abrió anoche el marcador en el estadio Santiago Bernabéu, un estupendo chutazo desde fuera del área, Vinicius lloró y liberó en parte la tensión de sentirse sometido a un escrutinio permanente porque, como sucede absolutamente con todo en el Real Madrid Club de Fútbol, el elogio es desmedido y la crítica excesivamente cruel, y con Vinicius se han cruzado todas las líneas rojas posibles. Bueno, todas no, aún queda alguna por explorar, que se lo pregunten si no a la familia de José Mourinho, a la que se dio caza. A Vinicius se le ha ridiculizado, se ha hecho de él un gag, se ha convertido su cara en un meme constante. A Vinicius, en fin, como les pasa a todos y cada uno de los jugadores del Real Madrid que a lo largo de la historia han sido, están tratando de sepultarlo deportivamente en vida. Por eso lloró ayer, por eso y porque un sector de su propia afición comenzó también a darle la espalda.

En marzo del año pasado, y a propósito de su situación en el Barcelona, que es otro club que quema, André Gomes declaró lo siguiente: "A veces tengo miedo de salir a la calle". Hoy Gomes juega en el Everton, sin mayores aspiraciones deportivas pero seguramente bastante más feliz. Porque resulta que no está escrito en ningún sitio que todo el mundo deba ser Cristiano Ronaldo, de hecho con Cristiano se rompió el molde. Vinicius es un futbolista en formación, un chico que debe aprender los gajes del que va a ser a buen seguro su oficio durante los próximos 15 años y con el cual se va a convertir en millonario. Puede que Vinicius no sea el nuevo Pelé, ¿y?... Espero que no sea así, le deseo que triunfe en el Madrid, pero puede que Vinicius no acabe su carrera deportiva vestido de blanco, ¿y?... El objetivo de la crítica deportiva, tal y como yo lo veo, no debe ser conseguir que Vinicius no se atreva a salir a la calle como le pasó a Gomes, un buen jugador.

Cuentan que, nada más llegar al Liverpool procedente del Atlético de Madrid, en el primer minuto del primer partido con su nueva camiseta, el defensa central del equipo rival le pegó un tantarantán a Torres. Se acercó a él y le susurró al oído lo siguiente: "Bienvenido a la Premier, Fernando". Bienvenido al Real Madrid, Vinicius, bienvenido. Esto es lo que hay y esto es lo que habrá en el futuro, exigencia interna máxima y ridiculización y desprecio externos totales. De modo que, si quieres seguir aquí durante mucho tiempo más, a partir de ahora llora más en privado y sonrié aún más de lo que ya lo haces en público. Porque el Anti Real Madrid Club de Fútbol hará todo lo que esté en sus manos para que fracases. No lo consientas. No les dejes. Impídelo con tu fútbol. Triunfa y sé feliz, Vinicius.

A continuación