El penúltimo raulista vivo

Benzema al diván

Llorente, homenajeado por la afición del Real Madrid, fue sustituido en el minuto 49 por Bonucci; Asamoah entró por Pirlo, vitoreado por el estadio Santiago Bernabéu, en el minuto 58. Normal. La temporada pasada se vivió como propio en la capital de España el drama personal de un jugadorazo como Llorente. Bielsa, siguiendo probablemente el guión previamente escrito por Josu Urrutia, quizás el peor presidente de la historia del club bilbaino, le hizo pasar las de Caín a Fernando, que ya tenía decidido irse del Athletic a la Juve, y la afición madridista, siempre generosa, se tomó como una ofensa personal que un técnico argentino maltratara de esa forma a todo un campeón del mundo y de Europa. Curioso, o a lo mejor no tanto: en San Mamés era humillado mientras que en el Bernabéu le daban cariño.

En el caso de Pirlo, de quien se dijo en su día que interesaba a Ancelotti, se premió con la cerrada ovación una carrera deportiva, el talento y el talante de un caballero del fútbol. Y, viéndole jugar anoche, tampoco me parecería tan descabellada la idea que tuvo Ancelotti de traérselo para acá. Llorente, Pirlo, Ronaldinho, Maradona... La afición madridista es tan generosa con el rival como cicatera con sus propios jugadores. Aunque ese reconocimiento no se dé nunca fuera del Bernabéu con los jugadores del Madrid (el "caso Casillas" es la excepción que confirma la regla y todos sabemos que en el fondo de la cuestión no subyace el homenaje a Iker sino el intento de perjudicar a López) yo entendería la generosidad del público madridista con los jugadores rivales del Real siempre y cuando se mimara a los propios. También a Benzema.

Benzema, sí, Benzema. Karim Benzema, un francés que juega en el Real Madrid. Benzema, internacional indiscutible con Francia. Benzema, que va a estar aquí hasta junio. Benzema, que no tiene por qué ser incompatible con Morata ni es tampoco enemigo del chaval sino su compañero de equipo. Benzema, que anoche falló un gol cantado y que volvió a ser despedido entre pitos por su propia afición. Karim Benzema, que tiene tal estado de ansiedad que cuando salta al césped está como un flan. Benzema, que fue sustituido por Bale después de que el Bernabéu tributara sus homenajes de rigor tanto a Llorente como a Pirlo, que al parecer jugaban para la Juve, y que está para que le sienten en el diván. Pero a lo mejor no es el único. Yo, que no quiero dar por supuesto lecciones de nada a nadie, no creo que sea normal que la afición de un equipo cuyos jugadores sólo reciben palos fuera del estadio Santiago Bernabéu masajee a los jugadores rivales haciéndole al tiempo la vida imposible a los propios. ¿Hablamos entre caballeros o entre lo que somos?

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