El penúltimo raulista vivo

Barça: el gol que lo cambia todo

Hay una canción de La frontera muy famosa que dice eso de "En el límite del bien, en el límite del mal". En el fútbol, ese paso fronterizo lo establecen los goles, y en ocasiones sin el plural; no hace falta que sean muchos, con uno basta, con uno es suficiente: el gol. Un gol, sólo uno, habría clasificado para la final de la Champions al Barcelona. Un gol. Y daba lo mismo cuándo, con el 1-0, con el 2-0, con el 3-0, con el 4-0... Daba igual. Un gol, sólo un gol. Con un gol, el Barcelona habría jugado su novena final de la Copa de Europa y, hoy sabemos que ante el Tottenham, habría tenido muchas posibilidades de alzar su sexta Champions. Y, con la sexta Champions en las vitrinas, además de la Liga y quién sabe si también la Copa del Rey, la temporada culé habría sido sencillamente extraordinaria: el triplete, puede que un nuevo sextete...

Un gol, sólo un gol, habría confirmado que Ernesto Valverde es ese entrenador que supo readaptar el modelo azulgrana, evolucionarlo otorgándole más empaque en defensa. Un gol, sólo uno, ratificaría que, cuando Messi lo pretende, el Barcelona es imparable y todos habríamos rescatado el sonido de Leo en la presentación del equipo, aquel 15 de agosto del año pasado, cuando afirmó que querían esa "copa tan linda". Habría bastado con un gol, sólo con uno, para que se elogiase la incorpración del musculoso Vidal a un proyecto de finos estilistas, incluso para que se justificase la presencia de Boateng. Es posible que, con un gol, a Coutinho le quedase aún una vida y Dembélé volviera a ser ese proyecto de crack con el que hay que tener paciencia. Un gol lo habría cambiado todo hasta el punto de olvidar que Luis Suárez, que es el 9-9 del Fútbol Club Barcelona, lleva 4 años sin marcar en Champions fuera del Camp Nou. Pero ese gol... no llegó.

El gol no llegó y Valverde es un entrenador al que le viene grande el equipo, un técnico superado por las circunstancias, que ha traicionado el estilo y que falla en los momentos decisivos, en Roma hace un año y el martes en Anfield. El gol no llegó y Messi es ese jugador que se pasea por la Liga, sí, pero "pechofrío" en las grandes citas, en la Champions, en el Mundial, en la Copa América... Nadie marcó el gol que de repente convierte a Vidal en un extraño, un paracaidista que vino a romper el microclima de Guardiola. Ese gol no llegó, nadie lo marcó, y la paciencia se ha agotado con Coutinho, es probable que Dembélé no tenga arreglo, qué narices hace Boateng en el Barça, cómo se pudo pensar que Arthur sería el nuevo Xavi, a quién se le ocurrió lo de Semedo, la solución vuelve a ser Antoine Griezmann, hay que echar a ocho jugadores a la calle, ¿quién ficha en el club?, ¿qué hace Abidal?, ¿con quién ha empatado Planes?, ¿en qué ocupa Josep Segura el tiempo libre?...

Basta prestar un pelín de atención para caer en la cuenta de que esta ciclogénesis explosiva deportiva viene a confirmar que, en el fútbol profesional de clubes, lo que importa más que nada es la Champions. Porque el equipo al que un gol pudo salvar pero la ausencia de un gol tiene en jaque... acaba de ganar la Liga y puede ganar la Copa del Rey. Esta alarma generalizada, este "las mujeres y los niños, primero", contradice a Pep Guardiola, que sólo considera a aquel que compite en sus Ligas nacionales y las gana... porque él hace años que no gana la Champions, precisamente desde que dejó el club catalán. El gol del Barça que no llegó en Anfield y el de Moura que sí llegó en el Johan Cruyff Arena convierten en descafeinadas dos temporadas que, aún con doblete, no tienen la guinda final, la guinda de la Champions.

Esa generación de jugadores únicos del Ajax que, más de veinte años después, estaban en puertas de otra gran final, quedará desmantelada: De Jong se viene al Barcelona, puede que también De Ligt, quién sabe dónde irá Tadic, Van de Beek acabará en el City o en el Bayern, a lo mejor en el Madrid y es posible que Ten Hag, a quien estuvieron a punto de poner de patitas en la calle porque no se sabía la lección, acabe sustituyendo al sensatísimo Valverde... antes de que el Barcelona fuera incapaz de marcar un gol, sólo un gol, en el campo del Liverpool. Lo que, a fin de cuentas, corrobora el pánico culé generalizado es lo dificilísimo que es ganar una Copa de Europa, imagínense dos, tres, cuatro... Piensen en trece. Y, en junio, Supermessi cumplirá 32. Qué rápido pasa el tiempo cuando no se marca un gol, sólo un gol, nada más que un gol... por favor.

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