El penúltimo raulista vivo

Bale y los falsos efectos colaterales

Pensar que la afición del Granada gritaba "¡Iker, Iker, Iker!" porque piensa que Ancelotti está cometiendo una tremenda injusticia con el portero titular de la selección sentándole en el banquillo es lo mismo que interpretar que gritando "¡Así, así, así gana el Madrid!" lo que estaba haciendo no era otra cosa que rendirse ante el juego espectacular desplegado por los merengues. Los aficionados del Granada gritaban "¡Iker, Iker, Iker!", claro, para poner nervioso al portero titular del rival de su equipo, que anoche volvió a ser Diego López, del mismo modo que al gritar "¡Así, así, así gana el Madrid!" protestaban irónicamente por la actuación de un colegiado que estuvo rematadamente mal, sí, pero no porque perjudicara al Granada sino porque dejó de señalar tres claros penalties a favor del Real Madrid.

Aclarado (o no) este punto pasaré al siguiente. Con la llegada de Gareth Bale se han puesto de moda tres debates, a cual más absurdo: el primero es el precio del jugador, que parece disparatado a los mismos que compraron por ejemplo a Ibrahimovic por 70 millones y lo vendieron al año siguiente por 24 perdiendo 46 (un Isco y medio para que nos entendamos) por el camino en menos de 12 meses; el segundo es la necesidad de su fichaje y el tercero los "efectos colaterales". En cuanto a la necesidad de contratar al mejor futbolista de la Premier y uno de los mejores del mundo diré que la obligación del presidente del Real Madrid es poner a disposición del entrenador los mejores recursos humanos posibles. Y en cuanto a los "efectos colaterales" que la llegada de Bale podría provocar en la primera plantilla (se habla de Di María, Özil o incluso Benzema) me atrevería a apuntar que con estos tres caballeros, que son buenísimos los tres, la pasada temporada sólo se ganó una Supercopa de España, algo que sabe ciertamente a poco y más aún si se tiene en cuenta que el Real Madrid contaba también la campaña anterior con uno de los mayores presupuestos del fútbol mundial si no el mayor.

Anoche alucinaba escuchando a algunos colegas decir que los buenos primeros veinte minutos iniciales de Di María ante el Granada respondían justamente al mosqueo que tenía el futbolista argentino con la posibilidad de verse fuera por la llegada de Bale. Pero, tal y como yo lo entiendo y tal como lo entenderían si vivieran los padres fundadores del Real Madrid, uno tiene que reivindicarse a diario para poder vestir esa camiseta y no únicamente cuando llegas a la conclusión de que puedes perder tu puesto y tienes pavor a tener que abandonar la ciudad de Madrid por cuestiones personales. Algo parecido le dijo Mourinho en su momento a Di María, con resultado desigual por cierto, cuando tras ver mejorado su contrato se dedicó a sestear sobre el campo. ¿Que Özil está enfadado?... Pues que se desenfade y en vez de mandarla al palo en el partido decisivo la enchufe dentro para que así su padre sí esté en condiciones de subir al despacho de Florentino Pérez a pedir más dinero.

¿Que Benzema no entiende que le cambien?... Pues tampoco hace falta ser Aristóteles o Sócrates para darse cuenta del motivo. Seguro que si Ancelotti ha sido capaz de sentar a Casillas sin dejar de enarcar la ceja también podrá tratar de igual modo a Bale, Özil, Benzema y Di María. El temor de estos tres jugadores, tal y como yo lo veo, no tiene nada que ver con el hecho de que su entrenador vaya a ser injusto con ellos concediéndole al nuevo un trato de favor sino con la firme creencia, con la que yo coincido por cierto, de que cuando llegue aquí la bala galesa se les comerá a los tres por los pies. Y este tercer punto deja aclarado de paso el segundo: por supuesto que es necesario Gareth Bale, más necesario que nunca. Ojalá hubiera tres, cuatro, cinco como él. Al final saldrá tan barato como Cristiano y menos caro que Ibrahimovic, expulsado del Paraíso culé por mandato expreso de los Messi.

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