El penúltimo raulista vivo

Balas de fogueo

El sábado a las siete, el Madrid era la banda de Mirlitón, Raúl González Blanco uno de los muertos vivientes de George A. Romero y el único problema de Frank Rijkaard, entrenador bendecido por la abundancia de cracks, consistía en saber cómo encajar a los cuatro fantásticos al mismo tiempo. El domingo a las once, el Madrid, después de varios años de sordina, arrancaba de nuevo encendidos aplausos del exigente público del estadio Santiago Bernabéu, Raúl era el Cid Campeador y el Barça reeditaba más o menos los mismos problemas que tuvo al final de la Liga. Si alguien lleva a cabo el esclarecedor ejercicio de oír a los futbolistas culés hace un par de meses y escuchar las declaraciones efectuadas hoy mismo por Andrés Iniesta se dará cuenta de que son idénticas.

Joaquín Caparrós, técnico imbatido del Athletic Club de Bilbao durante toda la pretemporada, definió los partidos que se juegan durante el mes de agosto como "balas de fogueo". Me gustó la definición de Caparrós: balas de fogueo. Con Caparrós he tenido mil diferencias y las seguiré teniendo en el futuro, pero nadie puede negar –y yo no lo haré– que es un buen entrenador. Es cierto que el nivel de exigencia del Madrid no es ni mucho menos el del Athletic, abocado por sus tradiciones a luchar por la permanencia hasta que salga de Lezama una quinta de jóvenes "leones" que le saquen del atolladero, pero con esa frase Caparrós pretendía bajar de una nube a los aficionados de San Mamés: ojito que lo importante empieza ahora. Y es cierto. A Bernardo Schuster le faltó el pelo de un piojo para decir que la Supercopa de España le importaba un bledo.

Ni tanto ni tan calvo. Yo creo que Real Madrid y Barcelona volverán a luchar otra vez por la Liga porque, jugador por jugador, están muy por encima de sus rivales. Estoy seguro de que las dudas que hayan tenido o puedan tener en el futuro ambos equipos las resolverán sus jugadores. Schuster y Rijkaard, dos entrenadores jóvenes, dos técnicos de la nueva hornada y que fueron dos extraordinarios futbolistas, serán listos y dejarán jugar como saben a los futbolistas. El otro día, en sólo noventa minutos, se vio más fútbol en el Bernabéu que en toda la Liga pasada, lo que no quiere decir que el Madrid no vaya a pasarlo mal. Y si la gente tiene paciencia en Barcelona, (ya empiezan a fustigar a Rijkaard) Eto'o, Ronaldinho, Henry y Messi harán auténticas diabluras sobre el campo. Cuando las escopetas se cargan con balas de verdad siempre están arriba los de siempre. A Schuster le extrañó la inusitada dureza con la que cargaron contra él cuando todo el mundo sabía que aquello, parafraseando a Caparrós, eran sólo balas de fogueo. A mí también me extrañó. Supongo que más de uno se habrá tranquilizado después de lo del sábado, aunque la transición será dolorosa.

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