El penúltimo raulista vivo

Balada triste de Llorard Piqué

En junio del año pasado, y con motivo de la disputa de la Eurocopa de fútbol, dos aficionadas catalanas salieron a la calle vestidas con la camiseta de la selección nacional de fútbol para exigirle a Ada Colau que instalase pantallas gigantes para poder seguir la transmisión de los partidos de España. En la Meridiana de Barcelona, a la altura de la parada de metro de Fabra i Puig, un grupo de vándalos independentistas se abalanzó sobre las dos jóvenes, tiraron al suelo la carpa que habían levantado, agredieron a las indefensas mujeres y, orgullosos, huyeron del escenario del crimen. Aquellas chicas no fueron incitadas a salir a la calle por un Gobierno golpista, ningún futbolista internacional las pidió que se pusieran la provocativa camiseta ni tampoco la jerarquía eclesiástica catalana alentó su petición; aquellas chicas se sentían españolas y querían ver a su selección, de la que eran entusiastas seguidoras, sin las habituales trabas del ayuntamiento. No recuerdo que en aquella ocasión Llorard Piqué soltara una lagrimita por ellas ni criticara tampoco el acto vandálico de sus agresores, alguno de los cuales era del Barça.

Llorard Piqué, sí, Llorard Piqué. Lágrimas de cocodrilo de un futbolista internacional que, a través de una de sus redes sociales, alentó a otros catalanes al enfrentamiento con la policía nacional y la guardia civil. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no estaban allí por capricho sino por mandato judicial y para impedir que se llevara a cabo un acto ilegal y suspendido por el Tribunal Constitucional, pese a lo cual Llorard, bravucón como siempre, agitó a las masas. El resultado lo pudimos ver ayer. A la conclusión del partido entre el Barcelona y la Unión Deportiva Las Palmas, que a puntito estuvo de ser suspendido por el artículo 33 culé, llegó la balada triste de Llorard Piqué: "Si el seleccionador o los directivos quieren que me vaya, yo doy un paso al lado". No lo quieren ellos, Llorard, lo quiere España.

¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿Qué hemos hecho para que, desde el democrático reino de Qatar en el que está jugando al fútbol y cobrando una millonada, Xavi Hernández nos dé lecciones de libertad?... Pero la batalla del lenguaje está irremisiblemente perdida. Ayer, por ejemplo, escuchaba a aficionados culés despotricando contra Javier Tebas por no haberlos dejado pasar al Camp Nou cuando ni el presidente de la Liga de Fútbol Profesional ni siquiera la federación española, que es la organizadora del partido, tuvieron arte ni parte en eso. Al Fútbol Club Barcelona, que lleva 30 años sacándose la chorra gracias al Villarato, se le ocurrió dos horas antes que sería una buena idea suspender unilateralmente el encuentro en señal de protesta por lo que estaba ocurriendo en Cataluña, y cuando la federación le comunicó que la sanción sería de 6 puntos se echó para atrás y la protesta consistió en perjudicar a sus propios aficionados impidiéndolos el acceso al campo. Entre tanto, la Unión Deportiva Las Palmas como convidado de piedra. Barra libre. Así nos va.

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