El penúltimo raulista vivo

Bala corta, túnel largo

Ya dije el otro día que Sinama tenía más razón que un santo del Atleti cuando apuntó que aunque echaran a Abel seguiría la misma mierda. Aunque ahora esté a punto de remontar a la heróica y jugando contra diez. ¿Cuántas veces hemos oído eso de que en un equipo defienden los once? ¿Mil veces? ¿Dos mil?... Y estoy de acuerdo. Pero con dos centrales como Pablo y Perea (¡qué pena, con lo que prometía el colombiano Luis Amaranto!) no es que no se pueda ir con tranquilidad por Europa, no, sino que vas a tener muy complicado mantenerte en la Primera española. Porque, dando efectivamente por hecho que en un equipo de nivel todos están obligados a ayudar en defensa, lo que ningún entrenador ni ninguna pizarra del mundo pueden prever es que tus dos defensas centrales la pifien en jugadas puntuales, colocando a los otros nueve a los pies de los caballos.

Entiendo lo de la "bala corta" de Quique. El pensaba -porque Agüero creía otra cosa- que el Kun no estaba para jugar los noventa minutos. En la rueda de prensa posterior al partido, Flores dijo que el argentino había acabado muy mal, luego algo habría de verdad en la afirmación de que Agüero no estaba al cien por cien. Pero el quid de la cuestión consiste en el momento elegido por el entrenador para hacer jugar al Kun en un partido tan trascendente como el de anoche. Quiqué pensó que su equipo sería capaz de aguantarle al Madrid 45 minutos a la espera de que su jugador franquicia llegara al rescate, como ya hiciera en Champions ante el Chelsea, pero se equivocó. Cuando Agüero entró al campo el Atlético de Madrid fue otro equipo bien distinto. Sí, de acuerdo, jugó muchos minutos contra diez, pero este es el mejor futbolista que tiene Quique de aquí a Lima. Cometió un grave error al utilizarlo como "plan B", recortando aún más la única bala que tenía en la recámara.

En cuanto al Madrid, el equipo de Pellegrini fue muy superior a su rival hasta que el árbitro decidió expulsar a Ramos. Sergio sigue jugando a la ruleta rusa en zonas muy sensibles del campo y un día, como ayer, te pueden echar, y otro puedes acabar con suerte el partido. Aún así, con 0-3 en el marcador, el Real, que había protagonizado un monólogo durante 60 minutos, se desmadejó incomprensiblemente en los 30 restantes. Estoy de acuerdo con Pellegrini cuando dice que el marcador no refleja con exactitud lo sucedido sobre el terreno de juego, pero si el Madrid no aprende de sus errores en la Liga lo pasará realmente mal por Europa: no quiero ni pensar qué habría sucedido si, en vez del Atlético de Madrid, anoche hubieran estado enfrente el Chelsea o el Barça. La victoria del Madrid confirma la mejoría, enciende las alarmas rojas del Atleti y sirve para seguir de cerca el rastro azulgrana. Aunque de todo eso tuviera gran parte de culpa el acceso repentino de entrenadoritis aguda que le entró a Flores. El túnel es más largo de lo que pensaba Quique. A la bala se encargó de recortarla él mismo.
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