El penúltimo raulista vivo

Bajo el volcán de Messi

Hasta ayer, el "muchacho" más ofensivo que yo recordaba fue el que Paco Camino envió como un misil tierra aire contra Sebastián Palomo Linares, y no fue en el mundillo del fútbol sino en el del toreo, que alguna conexión tienen entre sí. Corría el año 1975, 24 de mayo para ser exacto. En el plató de Directísimo, José María Íñigo trató en vano de juntar a los dos matadores de toros, que no tenían precisamente una buena relación. Imposible. Primero uno y luego otro. Primero Palomo Linares y luego Paco Camino que, al referirse al primero, empleó el adjetivo muchacho. Como Paco Camino, que por cierto es el único que aún vive, es de Camas, no dijo muchacho sino "mushasho", y entonces Palomo Linares, que aún estaba entre bambalinas, irrumpió en el estudio indignado: "Yo de mushasho nada, yo soy un tío a lo mejor veinte millones de veces más que tú". Se armó la gorda.

Decía que, hasta ayer mismo, el "muchacho" más hiriente que yo recordaba era ese, el de Paco Camino dirigido hacia Palomo Linares y que mi generación ha tenido guardado en formol desde hace más de cuarenta años. Pero el otro día apareció Quique Setién en El País para decirle a Del Bosque, entre otras cosas de mayor calado pero probablemente menos despectivas, que a él no hacía falta que viniera a decirle nada el Tata Martino para tener una valoración exacta de "cómo son realmente este muchacho y los demás". Otra vez el "muchacho", de nuevo el "muchacho" de Paco Camino actualizado y dirigido en esta ocasión como un certero y dañino dardo envenenado contra Messi por parte de su ex entrenador. Por supuesto que para Setién, que tiene 62 años, Messi, con 34, es un crío por una sencilla cuestión biológica, pero ese "muchacho" contiene más información que cualquier biografía que pueda escribir en el futuro el entrenador santanderino. El "muchacho" de Setién, ese "muchacho" contenido, retenido durante tantos meses, no es más que la expresión de una frustración, la de aquel que ha visto traicionada la imagen que tenía de su ídolo porque resulta que lo ha conocido en su salsa, en el día a día. Ese "muchacho" inconsciente, ese "muchacho" que se le escapa a Setién, nos ilumina a todos acerca de cómo ha tenido que pasarlo de mal este hombre tratando de dirigir al Barcelona de Messi, porque no creo que a nadie le quepa la menor duda de que el Barcelona lleva siendo de Lionel Andrés desde hace más de una década, ¿verdad?

Ese "muchacho" disfraza una decepción: tanto años opositando para entrenar al Barcelona, tantos elogios desmedidos hacia Leo, tanto estudio de la ciencia de la Mesiología para que, al final, Lionel te haga pasar las de Caín. Como, por cierto, se las hizo pasar también, aunque de un modo distinto, a Guardiola y a Luis Enrique. Y a Martino, sobre el que Zubizarreta dijo lo que dijo. La única diferencia entre Guardiola y Luis Enrique y ahora Setién es que con los dos primeros Messi estaba flanqueado por Xavi, Iniesta y Puyol y con Setién no. O lo que es lo mismo, que con los dos primeros ganaba y con el tercero perdía, aunque por decir algo similar a esto le volaran la cabeza en mil pedazos al pobre Pere Gratacós. Lo que le dice Setién a Del Bosque, quien, por cierto, manifiesta una importante mala baba indigna de un sempiterno candidato al Nobel de la Paz como él, supone la expresión más descarnada de algo que todos intuíamos desde hacía mucho tiempo y de lo que se han jactado en la ciudad condal: Messi quita y pone, pone y sustituye, releva y alinea, ordena y sugiere y, además, lo hace todo en silencio, sin tener que hablar, con tan sólo enarcar una ceja a lo Carlo Ancelotti. Los deseos de Messi llevan siendo órdenes para una generación entera de entrenadores, jugadores, directivos y empleados.

Hoy la Ser, emisora de radio perteneciente al mismo grupo mediático que El País, diario para el que el marqués del Bosque entrevistó a Setién, ha desvelado parte del contenido de la bronca del pasado mes de junio en Vigo entre el entrenador y el crack argentino: "Si no te gusta lo que digo, ahí tienes la puerta", le habría dicho Setién al futbolista cuando éste recriminó la actitud de los jugadores. Según esa información Messi no se encaró con Setién, no le respondió, no se revolvió contra él sino que, simplemente, y me limito a leer, "sonrió de forma compasiva ante el aviso del técnico". Sí, sí, sonrió de forma compasiva, esa clase de sonrisa que delata por parte de quien la esboza que se encuentra ante un cadáver profesional, un zombi deportivo, alguien a quien le quedan horas de vida futbolística, como así fue finalmente. No es difícil deducir que, tras entrevistarle con cámaras para El País, Setién se explayó un poco más con Del Bosque ya sin grabadora por medio y, por el mismo precio, eso lo utiliza ahora la radio de Prisa.

Quienes hoy critican que Quique Setién, que luego reconoce en la entrevista que ya ha pasado el luto, hable ahora y no lo hiciera antes probablemente no hayan realizado el simple ejercicio de empatía con alguien obligado a convivir bajo el volcán de una persona que sabe que tiene todo el poder, y cuando digo todo el poder es todo el poder. "No me recuerde usted todos los días que si va a hablar con el presidente me echan a la calle", dice Zubizarreta que iba por ahí contando Gerardo Martino. Por cierto: a los tres meses de llegar, el Tata ya les dijo a sus ayudantes que al final de temporada se volvían para casa. "Ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad". Si esto fuera un capítulo de la famosísima serie de ciencia ficción de la tele yo tendría que decir ahora algo parecido a esto: "Enrique Setién vivió para y por una idea durante toda su vida, deseó más que nada llegar a dirigir al Barcelona y soñó con compartir vestuario con su ídolo, Leo Messi. Pero su sueño se truncó en pesadilla y acabó siendo devorado... en los límites de la realidad".

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