El penúltimo raulista vivo

Bajo el síndrome de Cruyff

Ronald Koeman confiesa en Telegraaf que si hubiera sabido que esto iba a ser así, (y con "esto" debe referirse al Valencia a la fuerza) no hubiera venido, que es exactamente lo mismo que declararía Agustín Morera, sólo que al revés, si el diario holandés hubiera tenido a bien llamarle: si hubiéramos sabido que esto iba a ser así, (y con "esto" se estarían refiriendo a Koeman) no lo habríamos traído. Koeman está más sólo que la una en el Valencia, no le quiere la afición, no le soportan los jugadores y, posiblemente después del partido de San Mamés, el consejo de administración le enviará al motorista por la tarde, que es cuando está en casa según propia confesión, para enseñarle le protocole, la cartilla en castellano. Lo lleva claro Koeman si lo que pretendía era hacerse un nombre como entrenador en España para luego dar el salto al Barcelona, su gran sueño; en sentido contrario, a la chita callando, haciendo las cosas como es debido, siendo valiente sobre el campo e inteligente fuera de él, Michael Laudrup aparece ahora en todas las quinielas para sustituir a Rijkaard.

Aún veo a Koeman bajo los efectos del síndrome Cruyff. Se podrá estar más o menos de acuerdo con el flaco, pero es innegable que creó una escuela de entrenadores. El problema de Koeman, como el del añorado Van Gaal, es que Cruyff sólo hubo uno y su figura, como jugador y como entrenador, es irrepetible, después se rompió el molde. El Cruyyf entrenador llegó al Barcelona en un momento histórico determinado, con un poder de maniobra concreto y unos futbolistas que podían trasladar al césped exactamente lo que él quería. Por tener, Cruyff tuvo incluso mucha suerte porque, de lo contrario, no habría conseguido tantos títulos con el famoso dream team. El Barcelona buscó unas cosas con Cruyff y el Valencia buscaba otras radicalmente distintas con Koeman, y Koeman, que se cree erróneamente que es Cruyff, no supo entenderlo. Cruyff, por ejemplo, jamás en la vida habría osado quitarse de encima a tres vacas sagradas con la temporada iniciada. Cruyff dio un salto de calidad y Koeman ha dado un salto en el vacío y sin red.

A mí me parece que el consejo de administración ha hecho bien en anular todas las celebraciones por el título de Copa. El Valencia es un grande de España y no parece que sea demasiado oportuno lanzarse ahora mismo a la calle cuando el equipo lo tiene difícil para mantener la categoría. La pregunta del millón de euros es la siguiente: ¿Destituyen a Koeman cuando todavía queden cinco jornadas por delante o esperan a ver qué hace con el equipo? No había más que verle el otro día, posando sólo con la Copa, bajando sólo del avión, fotografiándose sólo, para darse perfecta cuenta de que el vestuario no le traga. No hacía falta más que escuchar a Villa al concluir el partido contra el Getafe para apreciar hasta qué punto están hasta el gorro de Tintín. Guste o no guste, ahora mismo la suerte del Valencia está en manos de sus jugadores y no de su entrenador, de forma que la destitución tiene que llevarse a cabo ya, cuanto antes mejor. Hay que enseñarle la cartilla antes de que sea demasiado tarde para todos.
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