El penúltimo raulista vivo

¡Ay, Özil, alma de cántaro!

Comenté aquí hace tiempo que Özil se tiró toda la temporada pasada llamando por teléfono a Benzema para que se fuera con él al Arsenal. Una y otra vez, y otra más, Karim le dijo a su amigo que no, que él del Real Madrid no se movía. Fue tal la insistencia de Mesut que, en un momento determinado, Benzema le dijo lo siguiente: "Yo no me muevo pero, si quieres, puedo hablar con el presi para que intente repescarte". No era una broma, no. Me parece que Benzema pensó que su amigo había lanzado una baliza de emergencia con la intención de dejarle claras sus coordenadas y así lograr que fuera a por él el Séptimo de Caballería. Pero ya era tarde, claro.

Me hace gracia porque, ahora que ha estallado el divorcio entre Mesut Özil y su padre, a quien algunos identificamos como el auténtico problema del jugador en su relación con el Real Madrid, todo el mundo tenía claro que el chaval estaba mal aconsejado. Pero no es así. Únicamente unos pocos tuvimos claro desde el minuto uno que Mustafa era un problema y que, por mucho que valorara a un extraordinario futbolista, Florentino no iba a aguantar que se le subiese a las barbas. Los mismos periodistas que auguraron la desaparición del club blanco tras la marcha de Özil intentaron desprestigiarnos a quienes afirmábamos que el padre acabaría con su hijo. Aquellos periodistas denuncian ahora algo que tres o cuatro criticamos hace más de un año.

Se fue Özil y vino Bale, que tiene a su padre tranquilito y calentito en Cardiff, que es como tienen que estar los padres de los jugadores profesionales de fútbol, disfrutando del indudable privilegio de tener un hijo futbolista de primer nivel pero alejadísimos del negocio filial. Y el club blanco no sólo no se hundió, no sólo no se resquebrejó, no sólo no quedó sepultado sino que ganó La Décima y una Copa del Rey con el galés. Ahora, dicen, Özil se arrepiente y está triste, como le pasa a Di María. Mesut ha terminado a tortas con su padre, como ya intuímos algunos hace mucho tiempo. Özil, que es un fenomenal futbolista, un jugador con mucha clase, no era sin embargo mejor que el mejor club de fútbol del mundo. Todo esto se lo habría dicho yo por un módico 10% y él sería hoy feliz y yo millonario. ¡Ay, alma de cántaro!...

A continuación