El penúltimo raulista vivo

Avestruz Blatter

Guillermo Domínguez finaliza hoy su Blatterato, extensión internacional de nuestro Villarato local, con una frase del poeta Alexander Pope: "Bienaventurado el que nada espera, porque nunca sufrirá desengaños". Yo inicio mi artículo de hoy con un refrán anónimo español: "Muerto el perro, se acabó la rabia". Eso es precisamente lo que ha hecho la FIFA, eliminar la repetición de las jugadas polémicas a través de las videopantallas en lo que constituiría una reedición futbolística de la famosa táctica del avestruz. No es que los jugadores no deban esperar nada de los árbitros (tampoco justicia) sino algo mucho peor: pueden esperarse cualquier cosa, cualquiera. Así las cosas, el árbitro, que ya era observado con recelo por parte de los futbolistas, pasa a ser definitivamente el enemigo, el "brazo armado" de una organización que sólo admite y da cobijo a los errores (y algunos son de juzgado de guardia) de una de las partes.

¿Cómo es posible que la FIFA, que organiza una competición de carácter universal, un torneo que mueve miles de millones de euros y que mantiene en vilo la ilusión de naciones enteras, le dé la espalda a lo evidente, se niegue a ver lo que todo el mundo ve y recele de tecnologías de las que todos podemos beneficiarnos a diario? ¿Cómo se entiende que el fútbol, el deporte rey, se cierre en banda a la posibilidad de adecuarse a los tiempos que corren como ya han hecho el tenis, el atletismo, el fútbol americano o el rugby?... Me parece que tras esta absoluta cerrazón se encuentra la necesidad de controlar el negocio hasta sus últimas consecuencias, de tener la última palabra enfrentándose si ello fuera necesario a jugadores, entrenadores, aficionados y federaciones asociadas. El problema para la FIFA no es que Rosetti conceda un gol de Tévez en clarísimo fuera de juego sino que los demás podamos verlo a través de las videopantallas.

Y aquí pasa como con la UEFA y con el COI, que sólo terminan alzando la voz los perjudicados. Capello se queja de Dienst, pero Löw no dice esta boca es mía; Aguirre protesta porque Rosetti ha colaborado decisivamente a la victoria argentina, pero Maradona se sale por la tangente y empieza a hablar de las patadas que le pegan a Leo Messi. Me habría gustado ver la cara que ponían Nicolas Maingot, Jermain Craig o el propio Joseph Blatter si, tras la victoria ante Inglaterra, el seleccionador de Alemania se hubiera sentado delante de los periodistas para denunciar lo vergonzoso que es para el mundo del fútbol contemplar cómo no se le concede a Lampard un gol clarísimo, nítido y absolutamente legal. Pero lo que quiere Löw es su trocito del pastel, llegar por lo menos a las semifinales y quién sabe si jugar la final e incluso ganarla. La FIFA es responsable, sí, pero el resto es cómplice. Cómplice de mirar a las videopantallas sólo cuando interesa.
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