El penúltimo raulista vivo

Armstrong no necesita defensa

La Agencia Antidopaje de Estados Unidos podrá acusar a Lance Armstrong de doparse con EPO, de tráfico de corticoides, de intento de administración de testosterona y, justo en el día del estreno de su biopic, también de la muerte de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, más conocido como Manolete, pero el problema es que deberá demostrarlo. También podrá decir que piensa desposeer al ciclista de Texas de todos los títulos obtenidos desde el 1 de agosto de 1998 pero el caso es que, en lo referente a los siete Tours de Francia, la USADA no tiene la autoridad necesaria para hacerlo y no creo que lo haga tampoco la Unión Ciclista Internacional puesto que, por mediación justamente de la UCI, Armstrong ha sido sometido a más de 600 controles a lo largo de toda su carrera deportiva y jamás dio positivo en ninguno de ellos.

Lo que sí puede hacer la USADA es desacreditar, manchar y ultrajar la imagen pública de uno de los corredores más importantes de todos los tiempos y, haciéndolo, lo único que va a conseguir es echar aún más paletadas de tierra sobre la maltrecha reputación de un deporte que agoniza. Yo pondría la mano en el fuego por pocas personas y decididamente Armstrong no se encuentra en la lista, pero para quitarle todos sus títulos sus acusadores deberán demostrar con pruebas fehacientes cuándo, cómo y con qué hizo trampas el ciclista norteamericano. El danés Bjarne Riis confesó abiertamente que él se había dopado durante toda su carrera y admitió el uso de eritropoietina entre 1993 y 1998; es más: le dijo a los organizadores del Tour que el maillot amarillo lo tenía en el garaje de su casa y que podían ir a recogerlo cuando quisieran... Y el maillot sigue ahí.

Por lo demás, cualquier fiscal medianamente serio debería saber que los testimonios de Floyd Landis y de Tyler Hamilton no son tan sólidos como para sostener en ellos una acusación medianamente razonable; el primero fue declarado culpable por haber dado positivo por testosterona sintética en el Tour de 2006 y en 2009 se presentó una denuncia contra él y contra su médico y entrenador por un posible delito informático contra el laboratorio antidopaje en Chatenay-Malabry; el segundo estuvo involucrado en la Operación Puerto siendo identificado por la Guardia Civil como el cliente número 11 de la red de dopaje de Eufemiano Fuentes y, tras cumplir su sanción y volver a competir, dio de nuevo positivo por DHEA, un precursor de la testosterona, lo que acabó por precipitar su retirada. No es que Armstrong abandone su defensa sino que simplemente y llanamente no la necesita. Con esos acusadores...

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