El penúltimo raulista vivo

Arbeloa, el futbolista de la gente

No sabría decir si el establishment periodístico está más indignado con la clasificación del Real Madrid para la final de la Copa de Europa, que podría ser La Undécima, o con el espontáneo homenaje que la afición del estadio Santiago Bernabéu, su afición, le tributó a Álvaro Arbeloa, un jugador que nunca ha caído bien debido a su rectitud, lealtad y hombría. En cuanto a lo primero, esto no ha hecho más que empezar. Se verá, y aquí estaré yo para relatarlo, cómo los principales popes de esta profesión mía tratan de convencer taimadamente a sus lectores, oyentes y telespectadores de que la final del 28 de mayo no la juegan dos equipos españoles, no, sino uno español al que la Copa de Europa le debe una desde tiempos inmemorales, el Atleti de Valdano, y otro mestizo que no merecería estar en Milán y que se ha quitado de encima al desecho de tienta para llegar hasta ahí.

En cuanto a lo segundo, no entiendo a qué viene tanto revuelo con el homenaje privado que los propietarios de un club privado dan a uno de sus empleados modelo. Porque eso es lo que ha sido durante todos estos años Arbeloa, un jugador modélico tanto dentro como fuera del terreno de juego, y eso la gente, que no es tonta, lo percibe. El motivo de queja, según he leído muy por encima y sin prestar tampoco demasiada atención, es que los aplausos y el cariño que le regalaron este domingo a Álvaro no se les dio a otros jugadores que han pasado por ahí. Pero es que el cariño no se compra, del mismo modo que tampoco se compra la lealtad que Arbeloa llevó hasta sus últimas consecuencias cuando en el Real Madrid empezaron a silbar las balas. No es casualidad que la afición considere a Álvaro su verdadero capitán, de ahí el homenaje de ayer por la tarde. Como diría Mourinho, es simple.

Seamos sinceros: cuando algunos colegas míos sacan las uñas y enseñan los dientes por la despedida tan emotiva que le dieron a Arbeloa... lo que en el fondo están reclamando es un homenaje popular similar para Iker Casillas. Pero a Iker, si mal no recuerdo, se le despidió con honores en el antepalco del estadio Santiago Bernabéu, estando presente el mismísimo presidente del club. Lo de ayer, con la temporada aún por decidirse, fue la reacción de los aficionados que se sienten en deuda con el jugador y que quisieron hacérselo ver; tampoco es habitual que el estadio le cante el cumpleaños feliz a un futbolista en mitad de un partido, y eso también pasó con Arbeloa. La pregunta es: ¿Debe el club obligar a punta de pistola a sus aficionados a que viajen hasta Oporto el próximo 20 de mayo para que feliciten "espontáneamente" el cumpleaños a Casillas?... Yo creo que no.

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