El penúltimo raulista vivo

Aquella fantástica noche de los aspersores...

Hay personas que tienen aficiones muy raras. Respetables, sí, pero raras, poco comunes. Poca gente sabrá que, ahí donde lo véis, con esa pinta de matahombres que tiene, Mike Tyson es un amante de las palomas, y lo es desde crío. Angelina Jolie, por ejemplo, colecciona cuchillos mientras que Johnny Depp es un fanático de la muñeca Barbie. Paris Hilton adora cazar ranas y Rod Stewart tiene un montón de maquetas de tren. A Jay Leno, más vulgar, le dio en su día por los coches, y a David Arquette le relaja el punto. A mí, sin ir más lejos, me chifla coleccionar figuritas del Capitán América, que andan por ahí todas revueltas por la habitación a la busca y captura de Cráneo Rojo. Xavi Hernández adora sermonear, colecciona sermones. Son sermones que dividen entre el bien, que representa por supuesto él, y el mal, que representan aquellos que defienden otra cosa o, simplemente, tienen una opinión o un gusto diferentes al suyo. Hace tiempo, en un programa de televisión en el que participaba, uno de los tertulianos se autodefinió como "amante del buen fútbol", y a mí, que defendía a Mourinho a muerte, no me quedó entonces otra que catalogarme como amante del mal fútbol. Aquel colega, con el que me llevaba y aún me llevo muy bien, estaba cortado por el mismo patrón que Xavi y sabía qué era el buen fútbol y qué aspecto tenía el malo. En realidad la fórmula era muy elemental puesto que el buen fútbol era aquel que les gustaba a ellos y el malo era el que nos gustaba a los demás. Sencillo.

Decía que a Xavi le gusta sermonear. Hace diez años, y aproximadamente a esta misma hora, Xavi Hernández nos estaba sermoneando a todos acerca de lo que le gustaba a él, a Guardiola y al Barcelona, lo que gustaba en el Camp Nou, porque lo que gustaba en el Camp Nou debía ser tendencia mundial. Acababa de entrar el bueno de Xavi al vestuario justo después de que alguien pusiera en marcha los aspersores para sacar del campo a José Mourinho, otro amante del mal fútbol, que acababa de apear por cierto al Fútbol Club Barcelona de las semifinales de la Champions, que acabaría conquistando el Inter de Milán y que desencadenó en el fichaje del portugués por el Real Madrid. Su sermón, una suerte de recibimiento anticipado al nuevo técnico madridista, consistió en lo siguiente: "A nosotros no nos gusta jugar así. Nos gusta que la gente se divierta". Porque, claro, aquella noche la afición del Inter sufrió muchísimo y lo pasó fatal perdiendo por 1-0 en el Camp Nou con diez futbolistas sobre el terreno de juego y clasificándose para la final. Dolorosísimo.

Se cumplen diez años de aquel partido y se cumplen diez años de aquel sermón, que Xavi repetiría como un papagayo hasta anteayer mismo. El Inter había ganado al Barcelona en el partido de ida por 3 goles a 1 y los amantes del buen fútbol, o sea del fútbol que les gusta a ellos, esperaban que Mourinho jugase a lo que quería Guardiola, pero no, replegó al equipo y jugó a que pasaran los minutos sin que sucediera nada. Sucedió, sin embargo, que a Motta le expulsaron pasada media hora y ocurrió que, entonces, Mou, como tonto, se pertrechó aún más. Pasó que, casi al final, marcó Piqué y que aquel 1 a 0 fue insuficiente para los culés. El resto es de sobra conocido por todos.

El productor televisivo Gerard Piqué, muy melodramático él, aseguró que los futbolistas del Inter iban a odiar su profesión durante noventa minutos pero lo cierto y verdad es que el traductor desmontó a Guardiola como los chavales son capaces de encontrarle las tripas a un teléfono móvil. No estaba previsto. No era aquello lo que se esperaba de Mourinho. En el guión quedaba claro: "Con su magia, el Barcelona de Guardiola desarbolará al rudimentario Inter". Pero no, el rudimentario Inter del ultradefensivo Mourinho se deshizo del mejor equipo del mundo. Fue, como decía antes, el prólogo que luego, en España, acabaría de rubricar el portugués, de quien, aún hoy, se sigue repitiendo que defendía cuando (y ahí están los datos para quien quiera tomarse la molestia de comprobarlos) resulta que ganó la Liga española batiendo el registro de goles y de puntos, que aún hoy continúa por cierto en vigor.

Cómo pasa el tiempo, diez años ya. Diez años desde la noche de los aspersores. Se equivocaron echándole agua a aquel Gremlin de Setúbal, que acabó transformándose. Vinieron más sermones de Xavi, del amor se pasó al odio en el Bernabéu y, como Julio, José también tuvo sus idus de marzo, de abril, de mayo y de junio. Y, al final, yo creo que el tiempo puso en su titio a cada cual. El lugar que ocupa Xavi en la actualidad es el de un hombre nacido en democracia que alaba al Reino de Qatar, en el que se ningunea a la mujer y se criminaliza al homosexual. El sitio de Mourinho es el de un entrenador en horas bajas que tuvo las más altas, tanto como para destronar al que, dicen, ha sido el mejor Barcelona de toda la historia. Y eso, claro, no se lo perdonan.

A continuación