El penúltimo raulista vivo

Aquel seísmo futbolístico de grado 10 en la escala de Richter

¡Qué bueno era Ronaldo, y qué rápido!... Es cierto que, cuando al fin se decidía a encarar a los defensas rivales, se detectaba en el estadio un movimiento sísmico de grado 10 en la escala de Richter, un tamborileo, primero lejano, casi insignificante, después más potente y más tarde realmente ensordecedor, un bum, bum, bum bastante similar al que provocan al pasar algunas magiorattas y muy parecido al que debió producir en los belgas la XIII Gemina de Julio César. Ronaldo era un jugador simplemente impredecible, y yo sostengo la peregrina teoría de que la gente continúa yendo a los campos de fútbol para ver lo que no puede predecir. Cada día que pasa el juego está más robotizado, lo que hoy se considera correcto habría sido definido como vulgar hace cincuenta años, el fútbol retrocede y sólo pueden salvarlo de la mediocridad jugadores como Ronaldo. Aunque sólo fuera por eso, el futbolista se merecería todo el respeto del mundo.

Hace un año más o menos escribí aquí mismo un artículo titulado El Milan decide esperar a Ronaldo en el que decía que la venta del delantero era un negociazo para el Real Madrid, y que Capello estaba apostando con Ancelotti a que ya no se le podía extraer más jugo a aquel jugador. Sólo había que sentarse a esperar cual de los dos italianos tenía razón, y el paso del tiempo ha demostrado que el dictámen de Capello, un experto exprimidor de futbolistas, un excepcional preparador físico y un pésimo estratega, era el correcto y que, mientras estuvo físicamente bien y psicológicamente centrado, Ronaldo fue el mejor, aunque en el Madrid empezó una peligrosa cuesta abajo de dejadez, falta de profesionalidad y desinterés por el fútbol que será la que acabe por retirarle de la primera línea. Hacía ya mucho tiempo que Ronaldo vivía de explotar el marketing de lo que fue, pero en realidad ya no provocaba ningún bum, bum, bum, si acaso un frustrante chaf, chaf, chaf que nadie, empezando por él mismo, se merecía.

Parece que el Milan ha decidido dejar de esperar a Ronaldo, del mismo modo que antes lo hiciera el Real Madrid, por la sencilla razón de que el brasileño ya no tiene motor suficiente para correr a la velocidad que lo hace el resto. Brasil, salvo sorpresa, será el destino deportivo final del mejor "9" de los últimos veinte años, y eso será así porque allí, en su tierra, quieren a Ronaldo por la persona que es ahora y no por el goleador que fue hace tanto tiempo. ¿Quién puede criticarle por dejarse llevar?... Yo, desde luego, no lo haré. Lo único que le afeé en su día fue precisamente el hecho de que se faltara gravemente a sí mismo al respeto y que, con su actitud, no nos ayudara a los demás a continuar admirándole. Allí, en el Flamengo o en cualquier otro sitio, podrá seguir jugando sin despeinarse, ahora que ha vuelto a dejarse crecer el pelo, vendiéndoles a los niños la ilusión de que la magia del fútbol reside en la sorpresa que nos provoca, y he de reconocer que uno de los futbolistas más sorprendentes que yo haya visto nunca sobre un terreno de juego fue Ronaldo, aquel seísmo futbolístico de grado 10 en la escala de Richter.

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