El penúltimo raulista vivo

Amigos de Laporta contra amigos de Rosell

Historias de periodistas que no interesan absolutamente a nadie. No seré yo desde luego quien desacredite la información de Salvador Sostres porque este señor sea amigo de Joan Laporta o pueda tener una buena relación con el señor Guardiola, del mismo modo que tampoco desacreditaré la de Ramón Besa y Luis Martín, que completa la de Sostres, por las amistades que éstos puedan tener o dejar de tener en el club de sus amores. Las informaciones siempre son interesadas, los periodistas vivimos de ellas y el auténtico arte consiste precisamente en saber separar el grano de la paja distinguiendo qué vale y qué no, a qué cosas conviene dar pábulo y a qué cosas no en función del grado de amistad, la  fiabilidad pasada o la complicidad que uno tenga con su "fuente".

Por eso me llama tanto la atención que haya quien trate de menospreciar la información de Sostres en aras de su buena relación con Laporta y con el señor Guardiola. ¿No debería ser al revés? ¿No se debería tener más en cuenta dicha información sabiendo, como sabemos, que Sostres se lleva muy bien con Laporta y con el señor Guardiola y que el ex presidente y el entrenador no esconden su estrechísima conexión?... Es probable que haya a quien no le guste el contenido de lo que dice Sostres (el Fútbol Club Barcelona, sin ir más lejos, ha anunciado que irá legalmente a por él) y quiera ver la mano negra de Laporta manejándolo todo por detrás de las bambalinas porque no coincida con la imagen idílica que del club culé se han forjado en su cabecita, pero lo importante en el "caso Calderón", por mucho que a los socios merengues les incomodara lo que sucedía en su club, no era buscar a quien filtró sino saber si eran ciertas o no las informaciones vertidas contra el ex presidente del Real Madrid, ¿o no?...

Me resisto a transformar todo lo que está pasando en un partido entre los amigos de Laporta y los amigos de Rosell, por mucho que ambos se odien cordialmente. De lo que, entre otras cosas, habla Sostres en su artículo es de cómo se ha sentido en los últimos días el señor Guardiola, con quien mantiene una buena relación; de lo que hablan Besa y Martín en el suyo es de cómo se han sentido el señor Guardiola, Vilanova, Zubizarreta y hasta Rosell, con quienes seguramente también mantendrán una buena relación. Y probablemente tengan un poquito de razón todos, Sostres, Besa y Martín, aunque el resúmen de lo publicado no pueda ser más que uno: la transición entre el señor Guardiola y Vilanova ha sido un ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas en una situación similar. Hay otra lección más: o todos los periodistas nos dejamos manipular por quien nos filtra o no nos dejamos manipular ninguno.

Moraleja: en clubes de la extraordinaria e inabarcable dimensión que tienen el Real Madrid o el Barcelona, mastodontes de 500 millones de euros en los que el simple vuelo de una pluma provoca un ruido semejante al de mil carros de combate M48 Patton disparando contra todo y contra todos, resulta absolutamente imprescindible que alguien con mucho carácter y que sepa mucho de fútbol asuma con autoridad el mando de las operaciones. De ahí, por ejemplo, que a Mourinho le moleste tanto algo tan aparentemente accesorio como que sus jugadores se dejen ver por twitter. De ahí, por ejemplo, que el señor Guardiola insistiera en la necesidad de mandar al exterior por parte de todos un mensaje unívoco. Al señor Guardiola, que llevaba galopando con maestría durante los últimos cuatro años y que lo ha sido todo y más en el Barcelona, ha ido a derribarle un seto con la meta a cincuenta metros; el tiempo nos dirá si el seto estaba allí puesto desde el inicio de la carrera o lo han colocado arteramente mientras él miraba hacia otro lado.

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