El penúltimo raulista vivo

Amén, don Federico, amén

Por supuesto que, si le respeta la salud y tiene suerte, Alberto Contador batirá el record de Tours logrado por Miguel Indurain. Me parece que está en disposición de conseguir los cinco seguidos del navarro e incluso que está en condiciones de alcanzar y superar también los siete obtenidos por Lance Armstrong. Alberto tiene 27 años y hoy acaba de finiquitar su tercera ronda gala, Indurain ganó su quinto con 31 y Armstrong su séptimo con 33. Contador ha sido el ciclista español más joven en ganar un Tour, uno de los pocos -junto a Gimondi, Anquetil, Hinault y Merckx- en conseguir las tres grandes Vueltas por etapas y, por si todo lo anteriormente expuesto no fuera ya por si sólo digno de elogio, representa un ejemplo de superación muy similar al de Armstrong ya que, mientras el americano tuvo que luchar contra un cancer testicular, Albertó superó un cavernoma cerebral diagnosticado en 2004. Vaya desde aquí nuestra felicitación para Alberto Contador, probablemente el mejor ciclista español de la historia.

Dejando a un lado la sufrida victoria de Contador, a mí este Tour sin embargo me ha dejado más sabor a hiel que a miel. Primero fue el circo artificial que se montó alrededor de la actuación de Contador al no esperar a que Andy Schleck solucionara los problemas con su bicicleta, más tarde el perdón nocturno de Alberto por algo que no necesitaba ser perdonado, luego la romántica etapa del Tourmalet y por último las declaraciones de Carlos Sastre, acertadísimas desde mi punto de vista, y las agresiones verbales que el madrileño tuvo que aguantar tras mandar a escardar cebollinos al líder de la carrera después de que éste le pidiera que frenara para esperar al caído Samu Sánchez. Estos días he tenido ocasión de charlar con ilustres del ciclismo, como es el caso de mi admirado Eduardo Chozas, y del periodismo (Paco Chico Pérez, Oswaldo Menéndez y Benito Urraburu, ¡menudo trío!) y nadie daba crédito a lo que estaba sucediendo en Francia.

Dice de sí mismo Carlos Sastre que es muy polémico y que no va a cambiar; yo le pido desde aquí que no cambie nunca aunque eso le cueste el escupitajo de un descerebrado. Pero, por si alguien pudiera poner en cuestión la opinión de Sastre al respecto, el último en hablar ha sido Federico Martín Bahamontes. Dice don Federico que lo del Tourmalet fue una burla para el espectador y que cuando vio que no disputaban la etapa le entró mal cuerpo. Dice don Federico que él habría atacado al principio del puerto y que en su época no se llevaba eso de regalar las victorias y que se daban todo lo que podían. Dice don Federico que la moda de esperar a los corredores que se han caído no es sincera ya que beneficia a unos ciclistas y a otros no. Dice don Federico que él se llevaba a matar con Gaul y que no resulta natural ser amigo de quien te quiere robar el Tour. Amén, don Federico, amén. Habló el Aguila de Toledo. Punto en boca.

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