El penúltimo raulista vivo

Amantes del fair play... ajeno

Me gusta mucho la siguiente frase de Prosper Mérimée: "Toda mentira de importancia necesita un detalle circunstancial para ser creída". Recuerdo que el año que Sevilla y Atlético de Madrid coincidieron en Segunda División, Joaquín Caparrós, amante del fair play... ajeno, se tiró los últimos tres meses, los más decisivos, diciendo que no había derecho a que una de las plazas de ascenso ya estuviera concedida por decreto al equipo rojiblanco; aquel año ascendieron, por este orden, Sevilla, Betis y Tenerife, y el Atlético, cuarto, se quedó con un palmo de narices. El lunes posterior al ascenso del equipo andaluz, servidor, ni corto ni perezoso, llamó a Caparrós ante la incredulidad de algunos compañeros. Reproduzco aquí, más o menos, aquella conversación:

- "Joaquín Caparrós, buenas tardes"...

- "Buenas tardes".

- "Puesto que usted dijo que el Atlético subiría por decreto a Primera, y ya que quien asciende al final es el club que usted dirige, permaneciendo el Atlético un año más en Segunda, le llamaba para que pidiera perdón públicamente a todos los aficionados rojiblancos"...

- "¿Cómo?... ¿Perdón?... Es que aquí hay un poco de ruido y no le he oído bien".

- "Sí, no se preocupe, se lo repito: le decía que puesto que usted se ha tirado tres meses diciendo que el Atlético tenía ya una plaza fija en Primera, y en vista de que quien sube al final es el Sevilla, le llamaba para que pidiera perdón a los aficionados del Atlético de Madrid".

- "Hombre, yo pensaba que usted me llamaba para felicitarme por el ascenso".

- "Muchas felicidades. Y ahora: ¿va usted a pedir perdón a los aficionados del Atlético de Madrid"...

- "Bueno... Hummm... Si tengo que pedirles perdón... Se lo pido".

- "Muchas gracias, señor Caparrós. Buenas tardes".

- "Adiós".

Así discurrió, más o menos, la conversación. Y viene a cuento por lo siguiente: Juan Carlos Garrido, otro amante del fair play... ajeno, dijo tras el partido contra el Real Madrid que José Mourinho presionaba a los árbitros y que aquella táctica suya le estaba dando resultado. Dijo eso por la noche, se fue a casa, durmió, desayunó y, al día siguiente, aquello pasó sin pena ni gloria y, por supuesto, no generó debate alguno. Cani, que le tiró una botella a Mourinho porque, según Capdevila, "no tenía que estar allí", dijo públicamente que seguro que le caía más de un partido por ser del Villarreal; nadie se rasgó las vestiduras, ni siquiera porque le lanzara una botella al entrenador del equipo rival. Pues bien, el Comité de Competición ha decidido dejar en simple amonestación el gesto violento de Cani. A ver quién le llama hoy para que pida perdón... Apuestas...

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