El penúltimo raulista vivo

Albín y Casquero hicieron lo correcto

A Albín le reprochan desde Santander que no enviara el balón fuera ante la lesión no fingida de Garay, pero el trabajo de Albín es el de jugar al fútbol mientras que el de Muñiz Fernández consiste en dirigir el partido. Albín cumplió con su obligación y Muñiz no lo hizo, o quizás el colegiado asturiano pensase que el jugador del Racing estaba mintiendo para impedir el ataque del Getafe. Porque esa es otra: los jugadores caen constantemente desplomados sobre el césped, fulminados por un rayo invisible, con el único objeto de engañar al colegiado. Así las cosas, y con objeto de dilucidar cuándo un futbolista está siendo sincero y cuándo no, el árbitro tendría que salir equipado al campo con un polígrafo, con el problema añadido de que, para hacerle la prueba al jugador-actor o al actor metido a futbolista, tendría que detener obligatoriamente el partido... En fin, un verdadero lío. Lo mejor es que decida siempre el árbitro y que si, como sucedió en el caso de ayer, un futbolista no quiere tomarse la justicia por su mano, luego no le estemos torpedeando con juicios morales sobre su conducta. Albiol hizo lo correcto.

A Casquero le reprochan desde Santander que, después de marcar el gol del empate, dijera o dejara de decir e hiciera o dejara de hacer. No sé qué dijo ni tampoco qué hizo, lo único que sé es que marcó un golazo y clasificó a su equipo para otra final de la Copa del Rey. Y estoy convencido, además, de que cualquier otro futbolista del mundo en su situación habría hecho exactamente lo mismo: marcar el gol y, a la conclusión del partido, tras la ducha, valorar tranquilamente qué otras opciones tenía. Son los propios futbolistas quienes están repitiendo todo el día la monserga esa del código del fútbol. A mí me viene mucho mejor que se cuente todo siempre y en cualquier circunstancia, pero lo que no puede ser es que los jugadores tiren del código cuando les protege y lo rompan cuando se trata de dejar en mal lugar al adversario. O existe el código o no existe, así de simple. Casquero hizo bien marcando el gol y su supuesta deslealtad con el Racing será una cuestión que deberá aclarar en privado si es que le apetece hacerlo.

Mucho antes de que Casquero lograse el empate a uno a pase de Albín, el Racing ya era un equipo moribundo sobre el terreno de juego. El Racing, y lo sabe bien Marcelino con quien tuve ocasión de hablar nada más finalizar el partido, empezó muy fuerte y tuvo ocasión de sentenciar la eliminatoria, pero Colsa y, sobre todo, Tchité, desaprovecharon dos ocasiones clarísimas de marcar el segundo gol. No habrá mucha gente dispuesta a rebatirme el hecho de que, con pase o sin pase de Albiol, con o sin gol de Casquero, el Getafe habría obtenido igualmente la clasificación para la gran final. Laudrup iguala a Schuster, con la diferencia de que el danés es un tipo tranquilo y educado mientras que el alemán se ha convertido en un histrión de sí mismo. Si yo fuera Angel Torres trataría de blindar cuanto antes a Laudrup no vaya a ser que los moscones comiencen a revolotear a su alrededor.
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