El penúltimo raulista vivo

Agorafobia merengue

No me lo puedo creer. El Sevilla, líder indiscutible del ranking mundial de clubes de la IFFHS y brillante campeón de la Supercopa de Europa, el único equipo del mundo que sigue en disposición de ganarlo absolutamente todo dejando al resto con un palmo de narices, está empeñado en convertir al medio actor David Beckham, cuando resulta que éste tiene ya pie y medio en Los Angeles Galaxy, en una especie de futbolista fetiche de la Liga española. De lo contrario, no tendría ninguna explicación la sorprendente presión psicológica ejercida sobre Alfredo Flórez (¡qué miedo, que viene Flórez!) desde Sevilla para que al inglés no se le aplique la suspensión cautelar y el domingo se quede en su casita. O, por mejor decir, en su casaza.

A Muñiz, que arbitra porque en la vida tiene que haber de todo y porque a Ramos Marcos tuvieron que jubilarle, le pasó el otro día por la gomina la idea de que Beckham estaba perdiendo tiempo en el partido que enfrentaba a su equipo con el Athletic Club de Bilbao en San Mamés. El acta refleja lo siguiente: "En el minuto 74 el jugador (23) Beckham, David Robert Joseph, fue amonestado por el siguiente motivo: retrasar la puesta en juego del balón, con ánimo de perder tiempo". ¿Y por qué motivo habría de querer perder tiempo Beckham, David Robert Joseph, en el minuto 74 de un partido que reflejaba en ese instante un marcador de 3 goles a 0 a favor del Real Madrid? Pregúntenle ustedes al de la gomina.

Diagnostico una "agorafobia merengue", o más exactamente "miedo a los espacios abiertos, pero sólo cuando estos espacios se encuentran ubicados en el Paseo de la Castellana, en el madrileño distrito de Chamartín, ocupando la manzana delimitada por el citado Paseo de la Castellana y las calles de Concha Espina, Padre Damián y Rafael Salgado". Constituye, sin duda, una magnífica noticia para todos los madridistas del mundo el hecho de que, en la mejor temporada del Sevilla a lo largo de toda su historia, el Real, en un año ciertamente horrible, siga provocando ese terror en sus rivales. Nunca lo habría podido imaginar del todopoderoso Sevilla de Kanouté, Monchi, Alves y Escudé. Y jamás me habría esperado tamaña sorpresa del presidente Del Nido. Aunque el miedo, naturalmente, sea libre. No seré yo, por supuesto, quien critique a aquellos que miran debajo de la cama antes de irse a dormir. Pero entenderán que se me venga abajo el mito del primo de Zumosol.

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