El penúltimo raulista vivo

Adiós a la gran familia

En el guión estaba previamente escrito que lo de La Rosaleda sería una pachanguita y así fue: no es insultante la superioridad de España sobre Venezuela pero casi. El caso es que fueron cinco pero pudieron ser diez, hasta el punto de que el color de la camiseta de la selección fue de los poquitos asuntos a debate. De no cambiar mucho las cosas, y no es previsible que ello suceda, España volverá a ser la gran favorita en la Eurocopa. Y Soldado, que se mereció con creces en el pasado su convocatoria pero que ahora llevaba ocho partidos seguidos sin ver puerta, se resarció con creces y marcó tres. En Málaga se habló del nuevo celeste de Adidas y, aunque cada vez menos, de la ausencia de Fernando Torres, cuestión ésta a la que, a falta de otro tema sobre el que poder polemizar, me gustaría regresar ahora.

Soldado, que repito que se ganó sobradamente en el pasado la titularidad cuando Del Bosque llamaba a Torres, que probablemente se la merecía bastante menos que ahora, ha salido tan fortalecido del amistoso que todo el mundo le otorga directamente el 9, compartido con Fernando Llorente, delantero que ofrece matices distintos a los del valencianista. Hay quien quiso ver en la decisión del seleccionador de no contar con Torres para este encuentro una especie de acicate, un estímulo para que el Niño pudiera recuperar el paso; yo, al contrario, tengo muy claro que Vicente prescindió del jugador del Chelsea pensando que así los periodistas debatiríamos ahora sobre el asunto y no sorprendería tanto su ausencia cuando tenga que dar la lista definitiva. Salvo lesión, que nadie desea, o alarmante bajón en su estado de forma, ¿con qué cara le dicen a Soldado que no estará en la Euro tras marcar un hat trick?... Imposible.

Desde fuera, sin conocerle demasiado, tengo la idea de que Torres es un futbolista ciclotímico, un delantero que necesita sentirse importante y arropado por sus jefes. A Fernando, por ejemplo, le vendría como anillo al dedo un entrenador del estilo de Mourinho, capaz de transformar a un lindo gatito en un león africano; a la vista está que Villas Boas, que también le mandó el otro día un misil directo a la línea de flotación, no es ese entrenador; parece que Vicente del Bosque tampoco. Y que nadie me venga con el rollo macabeo de la competitividad y la justicia: Fernando José Torres Sanz, y lo digo después de una exhibición como la de anoche en la que su teórico sustituto simplemente se salió del mapa, se ha ganado sobradamente el derecho a ser esperado. No ha sido así. Adiós a la gran familia. Habrá que seguir buscando a Chencho.

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