El penúltimo raulista vivo

Abidal: valors de quita y pon

En su día bauticé al Pedja Mijatovic director deportivo (porque al otro, al futbolista, le estaré agradecido toda mi vida por el gol de la Séptima) como Mister Tragaderas. Pues bien, creo llegado el momento de que Andoni Zubizarreta herede con todos los honores el apodo del bueno de Pedja. Zubi ya se la tuvo que comer con patatas el día del anuncio de la marcha de Guardiola, que le puso unas caritas de aúpa, pero es que ayer nos regaló a todos una lección magistral de lo que significa vender una burra coja y tuerta. Me refiero, por supuesto, a Eric Abidal. Menos mal que al chaval, que ha pasado por un complicadísimo trance, uno de esos que te hace ver las cosas como realmente son y te ayudan a distinguir lo que es importante de lo que no lo es, no le pudo la presión de tener a su lado a Sandro Rosell y llamó pan al pan y vino al vino, y además en un envidiable español.

¿Dónde están los valors cuando uno los necesita?... El club ha apoyado a Abidal (¡sólo faltaría!) en su lucha por la vida. Está muy bien lo de las camisetas y es un hecho sin duda reseñable el que el capitán Puyol, que sí es un verdadero caballero y no como otros, haya tenido con él el gesto de dejarle levantar los últimos trofeos ganados por el Barcelona. Hasta ahí todo fenomenal, tampoco nada que cualquier otro club no hubiera hecho con uno de sus futbolistas que se vieran inmersos en una circunstancia similar. Pero es que a Abidal se le prometió que si se curaba volvería a jugar con el Barcelona y que en cuanto superara su enfermedad tendría esperándole un contrato para que estampara en él su firma. Hasta dos vicepresidentes del club catalán prometieron que Abidal seguiría y el caso es que... Abidal no sigue.

Como todos los entrenadores de fútbol salvo José Mourinho, a quien los Tattaglia han perseguido inmoralmente por hacer las alineaciones y decidir altas y bajas, Tito Vilanova tiene todo el derecho del mundo a confeccionar la plantilla y señalar quién sigue y quién no. Estoy seguro de que a Vilanova le ha dolido profundísimamente tener que tomar esta decisión, más aún si cabe teniendo en cuenta que él también está luchando por su vida, pero si Abidal, en cuya cara se reflejaba ayer su honda decepción, no sigue es porque alguien le ha mentido, no hay más. Le han mentido los señores Vilarrubí y Bartomeu, nombrados por el señor Sandro Rosell. Al menos dos vicepresidentes del Barcelona engañaron a Eric Abidal y si a estas alturas del viernes continúan en sus respectivos puestos es simple y llanamente porque cuentan con la complicidad silenciosa y cobarde del presidente del club, que a este paso va a acabar haciendo bueno a Joan Laporta. Ni imaginar quiero qué habría sucedido si Florentino Pérez hubiera prometido a un jugador que iba a seguir si superaba un cáncer y luego acabara pegándole una patada en el culo. Rayos y truenos caerían sobre el estadio Santiago Bernabéu. Y aún está por ver que no culpen a Mourinho de la irresponsabilidad del Barça, cosas peores he visto.

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