El penúltimo raulista vivo

A Zidane le quiero imperfecto, con su error y con sus indudables aciertos

Al contrario de lo que se dijo y yo creí, debo reconocer que esperanzado, no parece que José Mourinho tuviera efectivamente demasiadas posibilidades de volver a dirigir al Real Madrid. De la comparecencia de Florentino Pérez y de la posterior rueda de prensa de Zinedine Zidane se desprende la idea de que el técnico francés fue el elegido desde el primer minuto y que, además, el acuerdo era total desde hacía varios días, quizás incluso desde el jueves pasado. Así que el presidente del Real Madrid jamás albergó dudas al respecto de uno u otro modelo, como le criticaron, sino que siempre creyó que el regreso de Zidane era lo mejor para el club. Zizou, y eso lo hemos podido comprobar desde el primer instante, reconforta, aporta tranquilidad, provoca un entorno mucho más amable, relaja a los artistas, que son los jugadores, y llega, por supuesto, avalado por sus tres Champions en dos años y medio, que se dice pronto.

Zidane no envejece con el cargo, como le ha pasado a anteriores inquilinos del banquillo blanco, como le sucedió sin ir más lejos al mismísimo Mou, que acabó con el pelo a lo Bill Clinton; Zidane no encoge, no se arredra, Zidane no se amilana y no responde a las preguntas de los periodistas, o lo hace con lugares comunes, pero lo hace con muchísimo más arte que Solari o, ya puestos, que Lopetegui. Viendo a Zidane uno tiene la sensación de que, si se lo pides, la cruz que supone a veces dirigir al mejor club deportivo de la historia te la va a acabar montando él en Ikea para crucificarse a sí mismo, y que además le va a gustar. Veo a Zidane en el papel de Eric Idle y cantando eso de "Siempre mira el lado brillante de la vida" mientras Graham Chapman le mira aterrado desde la cruz de al lado.

Nadie le preguntó ayer a Zidane si el motivo de su repentino adiós se debió a que él advirtiera que el vestuario ya no era ganador y se le hiciera caso omiso en la dirección del club; tampoco le preguntaron si se marchó porque no quiso depurar a cuatro o cinco jugadores que habían pasado de ser empleados a amigos personales; en lo que sí insistió Zidane ayer fue en el cansancio, en que tenía que cargar las pilas y en que ahora, después de 10 meses de asueto, regresa como nuevo, dispuesto y preparado a hacer lo que se dijo que no quiso hacer en el mes de junio. Zidane tuvo un extraordinario gesto de madridismo haciendo lo que no hace nadie, o sea renunciando a un año de millonario contrato que tenía firmado con el club porque pensaba que ya no podía dar lo que se esperaba de él; y ahora ha tenido otro gesto de madridismo volviendo en un momento delicado, haciéndose cargo ahora mismo de un equipo en cuyo horizonte competitivo sólo asoma, y ligeramente, el sol de la segunda posición liguera. Pero cuando se fue hace 10 meses lo hizo tarde y mal, impidiendo que el club pudiera buscarle un sustituto adecuado, metiendo a Florentino Pérez en la boca del lobo y provocando en parte el desastre de una temporada horrible.

¿Quiero decir con esto que no esté feliz con la vuelta de Zidane?... Pues no, no quiere decir eso en absoluto, no quiere decir eso por mucho que los haters insistan; es más, estoy muy feliz con la vuelta de Zizou; lo que quiere decir esto es que Zinedine Zidane no es perfecto, del mismo modo que tampoco lo es quien era mi primer candidato al banquillo, José Mourinho, que le metió el dedo en el ojo a Tito Vilanova, que en paz descanse, en un gesto deleznable y del que seguro que se sigue arrepintiendo a día de hoy. Zinedine Zidane lo hizo casi todo bien, casi todo, pero no se fue bien en junio y, aunque anoche se lo negara a un periodista, puede que en al fondo a la derecha de su rápida (porque fue rápida) decisión de volver, desechando otras ofertas importantes como, por ejemplo, la de la Juventus de Turín, se encontrara una puerta mental sin cerrar, la de la sensación de que se equivocó.

Pero, ¿quién no se equivoca?... Yo, por ejemplo, lo hago cien veces todos los días. Sólo Pep Guardiola acierta siempre, incluso cuando critica a un árbitro por pitar correctamente. Pero Guardiola, que es pluscuamperfecto, está en el City y además, entre ustedes y yo, no le veo dirigiendo al Real Madrid, que es un club español y que presume de serlo. Yo cometí la temeridad de dar mi opinión, que aquí, en España, salvo que sea para insultar al Rey o pitar el himno nacional, es algo que está penado. Mi opinión era que José Mourinho era el entrenador ideal para dirigir ahora al Real Madrid, pero el segundo mejor colocado era indudablemente Zidane, que, desde ayer, vuelve a ser el entrenador del equipo que llevo en mi corazón desde hace más de medio siglo. A Zidane le quiero con su error y con sus indudables aciertos y le deseo, por supuesto, la mayor de las suertes en su segundo advenimiento al banquillo merengue. Como comentaba ayer no vuelve un entrenador, vuelve un gurú del madridismo. Y lo hace, además, feliz, Felizidane.

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