El penúltimo raulista vivo

A punto de cumplirse el sueño de Gaspart

El Real Madrid jugó muy mal en Sevilla, sin tensión, sin chispa, inconsciente de que gran parte de la Liga pasaba en ese momento por el estadio Sánchez Pizjuán. Se notó en exceso la ausencia de Di María y el centro del campo simplemente se desplomó porque Alonso no está. No hubo reacción desde el banquillo y los cambios que hizo Ancelotti (metiendo, por ejemplo, en el campo a Morata cuando agonizaba el encuentro) fueron de traca. La verdad es que no sé de qué hablarían en el descanso, con el 1-1 en el marcador, pero en la segunda mitad el equipo salió tan indolente como antes. Se agotaba el tiempo y, aún así, daba la impresión de que en el banquillo y sobre el cesped pensaban que quedaba el partido de vuelta. El Sevilla se replegó atrás, hizo su partido, Emery le dio una lección táctica a Ancelotti y, en esa tesitura, al Madrid no se le ocurrió otra cosa que jugar como el Barcelona, tocando, tocando y tocando, pero sin los jugadores que tiene el Barça. Pintaba mal la cosa y acabó pintando peor.

Pero, aún así, aún con un Real Madrid necesitado de una transfusión urgente de sangre, pese a que el equipo blanco tuvo mil y una carencias, el árbitro dejó de pitar tres claros penaltis sobre Cristiano, dos de ellos cometidos por Rakitic y uno por Beto. No hay dudas al respecto de ninguna de las tres jugadas: en las dos primeras, el croata agarra al portugués hasta derribarle; en la otra, Beto arrolla a Cristiano; y, en las tres, el árbitro está delante de la jugada, mirando pero no viendo o viendo pero no pitando... por miedo al qué dirán. Tres penaltis no son moco de pavo. Si el árbitro hubiera pitado sólo un 33% de los penaltis que hubo en Sevilla el Madrid habría acabado empatando el partido. Lo perdió porque el árbitro decidió no pitar ninguno de los tres. Y si el árbitro hubiera sido justo el Madrid habría ganado por 2-4.

El árbitro del miércoles miró pero no vio del mismo modo que el del domingo vio pero decidió mirar hacia otro sitio. Y, entre una y otra actuación, la declaración en la Cadena Cope del vicepresidente de la federación diciendo que él espera que el Real Madrid llegue descartado a la última jornada de Liga. Y ahí sigue. Ahí continúa Gaspart, que es del Barça, sí, pero que como vicepresidente de un organismo que debe velar por la igualdad entre los clubes, no puede decir una burrada como esa y continuar como si nada en su puesto. ¿Dónde está el vicepresidente de la federación que diga que él espera que el Barcelona llegue descartado a la última jornada? ¿Y dónde el vicepresidente que afirme que él desea que el Atleti llegue sin posibilidades?... Simplemente no están y sólo está el que quiere que sea el Madrid el descartado. Pues bien, Gaspart está muy cerca de cumplir con su sueño. Si yo fuera Florentino iba preparando 100 millones de euros para hacer un fichaje de despachos.

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