El penúltimo raulista vivo

A propósito de Gareth Bale...

Hace ya seis meses aproximadamente que Gareth Bale apareció con aquella tristemente famosa pancarta de "Gales, golf y Madrid, en ese orden", y creo que aún hoy hay madridistas que no entendieron mis críticas de entonces hacia el galés, que fueron dobles por aquella manía suya de insistir en marcharse diez minutos antes del campo cuando aún estaba jugando el equipo. Si hay madridistas que no comprendieron mis críticas hacia Bale puede ser por dos motivos: uno, que haya quienes no quieran entenderlas o, dos, que yo no me haya explicado bien. Es a los segundos a los que yo me dirijo puesto que nada hay que hacer, ni tampoco merece la pena perder el tiempo, si alguien no quiere entenderte.

Viene esto a colación a propósito del tuit de un aficionado del Madrid dirigido a Richard Dees, quejoso de que yo le hubiera bloqueado después de que él me hubiera acusado de criticar a Bale. A Richard le gusta abonar la contradicción de quienes nos dedicamos a la información deportiva, se relame con ella y, en mi caso, tiene la petición expresa de que así sea en su sección de los viernes, pero no hubo contradicción cuando critiqué entonces a Bale después de haberle defendido a capa y espada antes y seguir haciéndolo después. Lo que yo dije entonces, y mantengo hoy, es que Bale pudo ahorrarse coger aquella pancarta o pudo haberle dicho a sus compañeros que quizás no fuera buena idea o, cambiando de tercio, pudo haber permanecido en su asiento diez minutos más, fijaos qué tortura, ¡diez minutos!...

Si Bale no hubiera cogido aquella pancarta o si Bale hubiera apostado por permanecer quieto en su sitio durante seiscientos segundos de reloj no se habría crucificado al Real Madrid. Porque, y eso es lo que me molestó de la actitud de Bale, que según parece no se maneja nada mal en el aislamiento y tiene cierto estilo de anacoreta, el perjudicado de todo aquello no fue el jugador sino el club, el equipo, sus compañeros y el entrenador. También él mismo, por supuesto, pero ya digo que da la sensación de que a Bale se la trae floja estar en el centro del huracán. Mi argumento entonces fue algo así como "oye, estás cobrando lo que estás cobrando, eres el futbolista franquicia, tu participación sobre el campo no puede decirse que esté siendo decisiva... pues colabora no dándole tres cuartos al pregonero". Bale no colaboró, le dio tres cuartos y hasta cuatro cuartos al del pregón y eso me fastidió profundamente.

Hoy he vuelto a ver En el corazón de La Décima. La "echaban", como decían antiguamente, en Real Madrid Televisión. En el desayuno previo a la disputa del partido se ve a un grupo de jugadores, a otro grupo, un par de ellos por allí, tres o cuatro bromeando y, al fondo, allá a lo lejos, a Bale solo, comiéndose lo que parece ser un cuenco de Corn Flakes, ensimismado con su teléfono móvil. Es probable que eso sea así siempre o, quizás, sólo ocurra a veces. Es probable que a Bale le guste la soledad. Es probable que no pase nunca y, en su intimidad, que es la que debe importarle a él, Gareth Bale sea el tipo más sociable y simpático de la Unión Europea. Ni lo sé ni me importa... salvo que perjudique al colectivo, salvo que perjudique al equipo. Entonces sí.

Un periodista deportivo puede tratar de ocultar sus colores pero para mí ya es tarde, todo el mundo sabe que soy culé... Es broma. Todo el mundo sabe que soy madridista y, aún así, ha habido actitudes que he criticado en otros jugadores del Real Madrid. Por ejemplo, he criticado a Sergio Ramos o a Casillas, pero un sector muy relevante de madridistas interpreta por lo general que cuando se critica a Ramos o se criticaba a Casillas... lo estabas haciendo por el bien común. Iker ha sido probablemente el mejor portero de la historia del Real Madrid, pero hubo comportamientos suyos que, en mi opinión, dejaron mucho que desear. Puede ser que un gol de Sergio, precisamente el que marcó de cabeza en el minuto 93 de ese partido que acabó con la conquista de La Décima, cambiara la historia reciente del Madrid, pero uno no puede presentarse con su representante en el despacho del presidente diciendo que hay una oferta china encima de la mesa y que se quiere ir gratis.

Cristiano Ronaldo es el máximo goleador histórico del Madrid, un futbolista comprometido las veinticuatro horas del día, un profesional a carta cabal y los madridistas le estamos muy agradecidos, pero no se puede enviar a un propio a decirle a Florentino Pérez eso de "tenemos un problema". No, no, oiga, el problema lo tiene usted. Menos aún se puede defender siempre a Bale, haga lo que haga o deje de hacer lo que deje de hacer. Más que nada porque no se puede defender siempre a nadie, ni siquiera a Juan Gómez. Gareth Bale ha sido muy importante para el Madrid desde que llegó y también muy intermitente. Importante, sí, e intermitente también. Defenderlo por sostener una pancarta en la que puede leerse "Gales, golf, Madrid, por ese orden" o por salir diez minutos antes del Bernabéu sabiendo que allí estarán esperando las cámaras de televisión es, en el fondo, mantener que el cociente intelectual del chico es inferior al que realmente es. No será Einstein, seguro, porque ninguno lo somos, pero tampoco es el bobo que algunos madridistas pretenden dibujar al defender lo que, en mi opinión, resulta absolutamente indefendible.

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