El penúltimo raulista vivo

A Piqué lo que es de Piqué

Como en el caso de la decisión de Luis de no volver a convocar a Raúl, la federación española de fútbol ha vuelto a estar ahora lenta y falta de reflejos con los pitos a Piqué, que se han enquistado. En aquella ocasión, y viendo que el asunto podía acabar afectando al equipo nacional, tuvo que ser el propio Raúl quien agarrara al toro por los cuernos y arrastrara a Luis hasta una rueda de prensa en la que estuvo incomodísimo. ¿Qué hizo Raúl?... Raúl no podía pedir perdón por nada puesto que nada malo había hecho, pero sí pidió a la afición que estuviera con España, que olvidara las rencillas y que se centrara en lo fundamental, que era el equipo nacional. O sea, Raúl le hizo el trabajo sucio a Villar y, puesto que el seleccionador no iba a dar su brazo a torcer, tomó el mando de las operaciones. Mano de santo.

Y eso es lo que servidor pidió ayer en un artículo de Marca que titulé "Piqué lo tiene fácil si quiere evitar los pitos: que pida perdón al Real Madrid", artículo que, por cierto, o no ha sido entendido o no ha querido ser comprendido, aunque me inclino por esta segunda opción. Yo no sé por qué han pitado a Piqué en León, en Murcia, en Logroño o en Oviedo, no tengo ni la más remota idea. No sé si a Piqué le pitan los madridistas por meterse con el Real Madrid, los españoles por posar con un cartel de "Una nació, una selecció" y por apoyar un proceso inconstitucional e ilegal o le pitan todos a la vez, madridistas y españolistas. Pero yo interpreto que si el periodismo se malicia que a Piqué le va a caer este sábado la del pulpo es por la insignificante cuestión de que el partido contra Italia se juega en el estadio Santiago Bernabéu, que es, como casi todo el mundo sabe, el campo en el que juega como local el Real Madrid, club al que Piqué ha faltado gravemente al respeto en varias ocasiones.

Por eso, si Piqué quisiera evitar los pitos, alguien debería pedirle que organizara una rueda de prensa pidiendo disculpas al Real Madrid o él mismo debería dar el paso. Como Piqué no va a hacer eso, como tampoco nadie de la federación se lo va a pedir y como este asunto está fuera de control por la dejadez de Vicente del Bosque y, ahora, de Julen Lopetegui, lo más probable es que al defensa faltón del Barça le piten en el Bernabéu, y me atrevería a asegurar que esos pitos en concreto (a Piqué han llegado a pitarle incluso en la Caja Mágica, de modo que no me atrevo a asegurar el motivo global del descontento) representen el enfado con un futbolista que ofende cada vez que puede al club propietario del estadio donde se va a jugar el España-Italia.

Si se produce la música de viento, si al final hay en el campo aficionados españoles que pitan a un futbolista que juega para España, el Bernabéu no estará pitando por generación espontánea ni tampoco porque Piqué juegue en el Barça (también lo hacen Iniesta, Busquets o Jordi Alba) sino porque este jugador en concreto ha sido especialmente irrespetuoso con la afición, los jugadores, los directivos y entrenadores del Real Madrid. A la habitual troupe de bienquedas que puebla esta bendita profesión y que mira hacia otro lado cuando el ofendido es el Rey y el abucheado es el himno nacional, le parece horrible que yo escriba estas cosas. Si al final pitan a Piqué, estos intelectuales de baratillo que van por ahí predicando sobre el 4-3-3 como si a alguien le interesara y que tienen serias dificultades a la hora de encadenar correctamente y por su orden sujeto, verbo y predicado, se rasgarán las vestiduras y responsabilizarán a otros de lo que únicamente es responsable el propio Gerard Piqué, un niño malcriado al que, por pura cobardía, no ha habido nadie aún capaz de poner en su sitio de una vez por todas.

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