El penúltimo raulista vivo

A Mourinho no lo veremos nunca hablando mal de Portugal

Si los niños (o niñas) deciden seguir con la profesión del padre (o la madre, o ambos), este próximo mes de diciembre se verá fuertemente incrementada la población de futuros periodistas deportivos en España. El 13 de marzo de 2018 pasará a la historia como el día en el que los antimourinhistas practicaron más sexo, y será complicado que con tanto ardor, tanta pasión desatada y tanta erección sostenida en el tiempo, el amor no dé, como decía, sus frutos de aquí en 9 meses. Los nuevos periodistas deportivos serán Sagitario, el mejor signo de todos, e incluso eso se lo deberán a la inspiración que provocó en sus papás o sus mamás o ambos el gran José Mario dos Santos Mourinho Félix, un señor que se marchó de aquí, de España, ya va para cinco años pero que aún sigue presente en la memoria de la inmensa mayoría de colegas de profesión. ¿Pug qué?...

Me da un poco de lástima porque tanto festejo por la eliminación de Mourinho de la Champions (no del United, no, de José Mourinho) ha eclipsado un poco la brillante clasificación del Sevilla para los cuartos de final por primera vez en sesenta años. El Sevilla fue mejor en el Sánchez Pizjuán y volvió a serlo ayer en Old Trafford y al United hay que exigirle más; ojo, tampoco mucho más porque el equipo no juega a nada desde que arrancó la Premier, pero sí al menos estar entre los ocho mejores de Europa. No estoy de acuerdo con Mourinho en que el United controlara en la ida y en la vuelta, y tampoco creo que el Sevilla tuviera suerte, aunque sí es cierto que el martes pudo haberse adelantado perfectísimamente en el marcador el equipo inglés. Pero, al final, Mourinho estuvo caballeroso, reconoció que el Sevilla era justo cuartofinalista y le deseó toda la suerte del mundo; incluso entró al vestuario para felicitar, uno a uno, a los futbolistas de Montella.

¿Sabéis que no hizo Mourinho? Mourinho no despreció a los jugadores del Sevilla llamándolos "atletas"; Mourinho no se quejó del estado del césped en el partido de ida; Mourinho no apeló a la posesión, que fue del United, ni criticó los aciertos del árbitro; Mourinho no dijo que fueran a arder todos los árboles de Manchester; Mourinho no se refirió burlonamente al estilo de juego de su rival; Mourinho perdió, aceptó su derrota y desde hace 48 horas lleva recibiendo con la mayor dignidad posible todos los palos que le están pegando de uno a otro confín. En España, el periodismo debería estar feliz por clasificar al Sevilla, pero como cainitas de libro que somos nos alegramos más del mal ajeno que del bien propio.

¿Qué no veremos jamás hacer a Mourinho? Mourinho no hablará mal nunca de Portugal, ni dirá que es un país tercermundista, ni aprovechará sus ruedas de prensa en la Premier para decir que no se respetan los derechos humanos, ni pedirá la excarcelación de delincuentes portugueses, ni hará política. Mourinho ama profundamente a su país porque es el país de sus padres y de sus hijos y lleva cumpliendo desde hace tres lustros con el papel de extraordinario embajador luso por el mundo. A Mourinho tampoco le veremos traicionando a un compañero de profesión, diciendo que él no firmaría nunca un contrato con un equipo que tuviera un entrenador sentado en el banquillo cuando ya lo había firmado un mes antes. Porque, con sus errores y con sus aciertos, Mourinho sigue poniéndose los pantalones por los pies, que es por donde un hombre debe ponérselos. De modo que sí, la temporada del United es un bodrio, pero me juego pajaritos contra corderos a que si Mourinho hubiera anhelado la independencia de Setúbal, se habría negado en redondo a vestir la camiseta de la selección de Portugal. Porque Mourinho es muy malo, muy malo, muy malo, de acuerdo, pero no es un hipócrita ni un desagradecido.

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