El penúltimo raulista vivo

A mí tampoco me gustan los lunes

Iba a escribir sobre el derbi, otro más. Y luego iba a darle un repasito al gesto desairado de Neymar hacia su entrenador, también otro más. Pero el artículo de Roberto Palomar en Marca sobre Gareth Bale me ha hecho recapacitar y volveré sobre una de mis especialidades, la tirria que un sector del periodismo deportivo español le tiene a Bale, y por un motivo además radicalmente opuesto al que ese mismo sector odiaba a José Mourinho: Bale, perfil bajo, Mou demasiado alto; Bale cortés, Mou bravucón; Bale silencioso, Mou parlanchín. Si los Tattaglia explicaran al menos cómo han de comportarse las personas para así desentrañar el modo correcto de regatear sus fobias, si editasen por ejemplo un manual de autoayuda para presidentes, jugadores y entrenadores del Real Madrid a través de cuya lectura pudiesen ellos sustituir el duro palo por la suculenta zanahoria... Pero quiá. Esto es un cajón de sastre en el que lo mismo te pegan por subir que te arrean por bajar, y así no hay quien se entere del modo correcto para ganarse el cielo de la prensa.

Yo sí he echado en falta a Bale, y mucho. Y también el cien por cien de los seguidores madridistas con los que he podido hablar. El motivo de preocupación era doble: la ausencia de uno de los cinco mejores futbolistas del mundo, el jugador llamado a sustituir a Cristiano Ronaldo, y la alarma que empezó a extenderse por toda España cuando un simple golpe en el dedo de un pie se convirtió de repente en rotura, más tarde en gangrena y por último en amputación. La gente, eso es cierto, estaba bastante más inquieta por el estado de salud de Bale y por si podría salir vivo de esta que por su posible ausencia con el Eibar en Liga o mañana ante el Atleti en Champions. Y es comprensible porque desde que llegó a nuestro país a Gareth han intentado asesinarle con el candelabro en la cocina, con la soga en el vestíbulo y con el veneno en el teatro en lo que al final ha terminado por convertirse en un inacabable, insaciable e insufrible Cluedo deportivo en el que ni la rotonda de Valdebebas parece ya del todo segura para el galés.

Es bastante curioso porque, de repente, James Rodríguez "destila fútbol por todos los poros de su cuerpo". Hoy, ahora, James destila fútbol por todos los poros de su cuerpo pero hasta hace dos días el jugador llegaba a España con el único objetivo de engrasar para ACS el acceso a mejores contratos en Colombia. Este lunes 13 de abril James destila fútbol por todos los poros de su cuerpo pero el domingo 12 no valía lo que Florentino Pérez estaba pagando por él, era una incógnita, un tiro al aire y los directivos del Mónaco le habían vendido gato por liebre. Ahora, gracias a Dios y también al temperamento de James, cuando se le ve jugar al fútbol nadie piensa en carreteras para Barranquilla o en puentes para Montería sino en goles para el Real Madrid... pero no hace tanto tiempo que ocurrió todo lo que acabo de relatar, no sucedió en el Siglo de Oro sino en julio de 2014.

Bale juega en el once titular del Real Madrid "bajo una oscura ley no escrita" del mismo modo que también lo hizo Benzema, a quien ya nadie en su sano juicio se atreve a cuestionar. ¿"Todos saben cuál es esa ley pero nadie habla de ella"?... ¿Cómo que nadie habla de ella?... El sector del periodismo deportivo más radicalizado en contra de la figura de Florentino Pérez no se cansa de sugerir (y por supuesto sin pruebas que lo acrediten) un día sí y otro también que si Gareth Bale juega en el equipo titular no es porque Ancelotti crea que es insustituible sino porque el presidente le obliga a ello. También se dijo, insisto, de Benzema, el ojito derecho de Florentino, el enchufado francés. Esa ley no escrita no es oscura porque nadie hable de ella, puesto que los Tattaglia no se cansan de hacerlo, sino porque es i-n-d-e-m-o-s-t-r-a-b-l-e.

Me viene a la cabeza aquella frase de San Benjamin Bradlee, que Dios tenga en su Gloria: "El periodismo consiste en descubrir la verdad y contarla". Deslizando la idea de que Bale juega por mandato presidencial se matan tres pájaros de un tiro y se mancilla el honor de tres personas con una sola bala: a Florentino Pérez, al jugador y al entrenador. Flaco favor le hace este desastroso bufete de abogados, mundialmente conocido gracias a su histórica habilidad cuando de perder un caso detrás de otro se trata, al señor Francisco Román Alarcón, que es un auténtico crack. Si el fútbol de Isco se ha abierto paso hasta conducirle directamente a la primera plantilla del club deportivo más grande del mundo no ha sido gracias al peloteo o a la palmadita en la espalda sino a la magia que atesoran sus botas. Y es que estos que ahora le alaban y que defienden su titularidad contra otros son los mismos que justificaron y aplaudieron al Marqués Del Bosque cuando le dejó fuera de la lista del Mundial.

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