El penúltimo raulista vivo

A la tercera no va la vencida

Hay quien ve en José Mourinho la reencarnación de otro grande de los banquillos, Helenio Herrera, el mítico H.H. La verdad es que habitualmente no suelo prestar demasiada atención a esa clase de comparaciones, fruto en ocasiones de la excitación del momento o tendentes en otros casos a ensalzar por parte de quien las realiza al que queda vivo de los dos comparados, pero si quien ve características comunes entre ambos técnicos no es otro que el gran Sandro Mazzola, (17 temporadas en el Inter de Milán, 4 Ligas, 2 Copas de Europa, 2 Copas Intercontinentales, una vez máximo goleador del calcio y campeón de la Eurocopa de 1968 con Italia), entonces sí que aguzo el oído y me pongo tieso cual setter inglés, si es que se me permite la comparación perruna sin que ninguno de mis amigos cazadores se moleste conmigo. Mazzola decía el otro día en una entrevista que Mourinho era muy parecido a Herrera y destacaba como nexos fundamentales de unión entre ambos sus entrenamientos con balón y su trabajo de motivación con los jugadores.

El director de cine Gonzalo Suárez, hijastro de H.H., solía jugar los partidillos de entrenamiento del Inter cuando viajaba a Milán. Fue precisamente tras una entrevista que le hizo al Mago cuando se abrieron para él las puertas del periodismo deportivo, pasando a firmar sus artículos bajo el seudónimo de Martín Girard. En La suela de mis zapatos (Editorial Seix Barral, 2006) Suárez cuenta que Italia era para él "una sucesión de estadios, hoteles y aeropuertos; y el fútbol, un tapete de césped pisoteado sin piedad y rodeado por una masa vociferante de la que no resultaba fácil abstraerse. En ese marasmo, los informes (que le encargaba Herrera) tenían un objetivo primordial: cómo provocar espacios en los que se generaran jugadas en condiciones ventajosas, alterando el esquema del contrario. En el país del catenaccio, crear espacios era esencial". Cuando a Mazzola le preguntan si Helenio inventó esa forma ultradefensiva de entender el fútbol, responde: "Error. El quiso jugar un 4-2-4 en el Inter. Ganó los tres primeros partidos por 6 goles. Al cuarto se enfrentó al Pádova, de Nereo Rocco, que sí jugaba con ese estilo, y perdió. Helenio vio esto y entendió que en Italia era necesario jugar así".

A Mourinho le obsesionan los entrenamientos de su equipo y quien no se esfuerza a tope durante toda la semana se cae de la alineación del domingo. Herrera tenía tres máximas sagradas: "el holgazán trabaja siempre dos veces", "a la tercera no va la vencida. Hay que hacerlo a la primera" y "Con el bueno, bueno. Con el malo, tres veces malo. Con el listo, tres veces y media listo". Cuentan que Olivella, que era una leyenda en el Barcelona, le pidió en una ocasión abandonar el terreno de juego porque veía doble tras haber recibido un golpe en la cabeza, y Herrera le respondió lo siguiente: "Mejor, así le darás dos veces". Como le pasa a Mourinho, el italo-franco-hispano-argentino, porque era todas esas cosas y alguna más, atraía para él toda la atención, desviándola de sus jugadores. En la temporada 51-52, siendo técnico del Atlético de Madrid, un gol del Sevilla injustamente anulado provocó un auténtico escándalo en las gradas. Al año siguiente, justo cuando sus jugadores estaban a punto de saltar al campo, los paró y les dijo que primero le dejaran salir a él solo. Empezó a caminar muy despacito, muy despacito, y por supuesto le dijeron absolutamente de todo: "Ahora sí podéis saltar al césped tranquilamente. Os los he dejado roncos".
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