El penúltimo raulista vivo

A eso le llamo yo jugar bien al fútbol

Confesión. Un viernes, consciente de antemano del error que suponía, planteé en El Tirachinas la siguiente pregunta: ¿Messi o Agüero? Justo en el preciso instante en que José Miguélez, "agüerista" hasta la médula, decidió apostar por el futbolista del Barcelona, concluí para mis adentros que aquel debate, que indudablemente prendía en la calle y también en la prensa, resultaba sobre todo pernicioso para el Kun. Fue aquel un Tercer Asalto muy curioso porque Miguélez, que en teoría defendía la tesis fácil, acabó pasándose al bando de Ricardo Altable, a quien siempre le toca abogar por las causas más alocadas, debido fundamentalmente al aluvión de SMS a favor de Messi. Se quedaba sólo Sergio Agüero, y aquello me pareció injusto y me sentí fatal, aunque me callé porque habría resultado kafkiano que yo, que en teoría tenía que ejercer el papel de juez imparcial de aquella contienda, hubiera saltado al terreno de juego cual "Platanito" de la radio para ocupar la vacante de Miguélez. Un verdadero galimatías.

Cuando alguien me pregunta, casi siempre desde el bando de los "resultadistas", qué narices significa eso de jugar bien al fútbol, yo siempre respondo lo mismo: Zidane, Cruyff, Weah, Romario, Ardiles, Pelé, Ronaldinho, Ginolá, Zico, Rummenigge, Ronaldo, Butragueño, Henry, Schuster, Giresse, Martín Vázquez, Beckenbauer, Ribery, Van Basten, Hugo Sánchez y, por supuesto, Diego Armando Maradona, todo eso quiere decir jugar bien al fútbol. ¿Y por qué habría yo de quedarme con uno sólo de esos extraordinarios jugadores?... No renuncio ni a uno sólo, los quiero todos para mí, soy así de avaricioso. Y naturalmente me niego a elegir, sólo faltaría.

Al leer las declaraciones de Anatoli Byshovets, entrenador del Lokomotiv de Moscú, comparando la forma que tiene de interpretar el fútbol Sergio Agüero (porque al final se trata sólo de eso, la interpretación libre de un mismo tema) con una visita por el Museo del Prado, me vino a la memoria aquella vez que, puesto en la trágica tesitura de tener que salvar del fuego uno sólo de los cuadros que se exponen habitualmente en la mayor y mejor pinacoteca del mundo, el escritor Eugenio d'Ors sorprendió a los críticos eligiendo un pequeño óleo sobre tabla de estilo veneciano, obra de Andrea Mantegna y titulado La morte della Vergine. D'Ors no escogió Las Meninas de Velázquez, La carga de los mamelucos de Goya o El Jardín de las Delicias del Bosco sino una preciosa y aparentemente olvidada tabla de 54 centímetros de alto por 42 de ancho.

Ahora, cuando los que todo lo mezclan me preguntan con aviesa intención qué significa eso de jugar bien al fútbol, respondo siempre que Agüero. Estoy de acuerdo con Byshovets en que ver a Sergio con un balón entre los pies es como asistir a una visita guiada por el Museo del Prado. Y tras el arrepentimiento y la confesión iniciales, la moraleja final: si alguien tuviera la osadía de preguntarme ahora, justo en este momento, a qué futbolista elegiría yo, respondería que con uno que jugara bien al fútbol. Y si esa respuesta fuera considerada como demasiado abstracta por mi interlocutor, yo recitaría lo siguiente: Zidane, Cruyff, Weah, Romario, Ardiles, Pelé, Ronaldinho, Ginolá, Zico, Rummenige, Ronaldo, Butragueño, Henry, Schuster, Giresse, Martín Vázquez, Beckenbauer, Ribery, Van Basten, Hugo Sánchez, Maradona, Messi y, por supuesto, el Kun, el gran Sergio Agüero. A eso le llamo yo jugar realmente bien al fútbol, sí señor.

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