El penúltimo raulista vivo

A Bartomeu se le apareció el sábado el fantasma del futuro presidente del Barcelona

Del mismo modo que al avaro Ebenezer Scrooge se le aparecían los fantasmas del pasado, del presente y del futuro en el famosísimo Cuento de Navidad de Charles Dickens, a José María Bartomeu se le apareció también el sábado un fantasma muy particular, el del presidente del Fútbol Club Barcelona del futuro, o sea Gerard Piqué, y lo hizo para reprenderle severamente y en público por el Yo acuso de Xavier Bosch en Mundo Deportivo cuya prosa cree el vestuario que está íntimamente inspirada por la junta directiva culé. En resumen: los jugadores interpretan que cuando Bosch asegura que los futbolistas han adquirido unas desmedidas parcelas de poder, el periodista y escritor está hablando por boca de ganso, y que el ganso en cuestión tiene un nombre y unos apellidos que responden a las iniciales de J.M.B.

Estas pataletas, ese modo de ir por ahí perdonándole la vida a Bartomeu, el "entre bomberos no nos pisaremos la manguera" que dejó caer el sábado Piqué, suponen el perverso fruto de un estilo de gestión que consiste en decirle siempre a los futbolistas que sí. Y el mascarón de proa del mimo excesivo no es precisamente Piqué sino Messi. Cuando Messi estornuda se acatarra Cataluña y tiembla hasta el mismísmo Gaudí, que lleva criando malvas bastante tiempo. Messi no manda, no, Messi sugiere, y una sugerencia suya sirve para que el crítico o el que simplemente duda salga inmediatamente disparado del asiento eyectable. Si, en esta situación, cedes una vez, al final acabas haciéndolo ciento y terminas firmándole al jugador franquicia de tu club un contrato por el cual se puede ir gratis siempre y cuando anuncie sus intenciones antes del mes de mayo. Si, como en el caso de Piqué, el club consiente que un futbolista medie para conseguir el contrato de un importante patrocinador, cediéndole parcelas de poder que no le corresponden, estás entregándole las llaves del club. Y si, aún firmándole a Messi un contrato según el cual puede marcharse cuando le dé la gana sin dejar nada en la caja y concediéndole a Piqué el estatus de mediador con Rakuten, la pelotita entra... no hay problema, el problema llega cuando la pelotita no entra o te marcan 3 en Roma o 4 en Liverpool.

A Florentino Pérez, por el contrario, el único fantasma que puede aparecérsele es el de Ramón Calderón, y ese da menos miedo que el de Canterville. Pérez se equivocará o acertará, estará más o menos avispado, fichará con mayor o menor acierto, pero siempre será un presidente que vigilará el muro por el cual no se puede consentir jamás que salte un jugador. Puesto en la tesitura de tener que decir que sí sin creérselo u optar por un no con dudas, Florentino siempre elegirá la segunda opción. ¿Cómo no dudar entre hacerse el sueco o entregarle a Mendes lo que pedía para que siguiera Cristiano? ¿Cómo no dudar a la hora de ceder a la presión de Ramos Corporation? Dudar es legítimo, sólo los locos no dudan nunca. Pero, entre ceder y no hacerlo, Florentino Pérez suele elegir no ceder ante el futbolista, al que considera un profesional cualificado y muy bien pagado. Así sucedió con Özil, así pasó con Di María, así aconteció con Cristiano y así podría haber sucedido perfectamente con Ramos: las puertas del Bernabéu están abiertas para entrar... y también para salir. Lo que importa es el club, el escudo, la institución por encima de todos.

De modo que la diferencia reside en el proyecto, el que no tiene Bartomeu y el que sí tiene Florentino. Y, también, en la visión a medio y largo plazo. Mientras que José María Bartomeu quiere sobrevivir a la próxima imposición, que no negociación, de Messi, Florentino prefiere ponerse una vez colorado antes que cien amarillo. En el Barcelona el poder lo tienen los jugadores, y eso resulta peligrosísimo; en el Real Madrid lo tiene el presidente, y seguro que los antiflorentinistas dirán que eso es tanto o más peligroso que lo anterior pero yo creo que es indudablemente mejor. Si Piqué dijo lo que dijo el sábado es por la sencilla razón de que él interpreta que puede hacerlo, y está en lo cierto, puede hacerlo porque le han dejado hacerlo tantas veces que la directiva, la prensa y hasta la afición tienen costra. La aparición del fantasma del futuro es fruto de la cesión sin límite, y ahora ya no hay nadie capaz de ponerle el cascabel a ese gato. Bueno, sí hay alguien, pero es merengue y está presidiendo el Real Madrid.

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