El penúltimo raulista vivo

22 de abril, San Crisótelo

Dicho quedó, y hoy lo reitero, que el gran error de Luis de Carlos, Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz, Florentino Pérez o Ramón Calderón fue continuar yendo al palco del Camp Nou como si nada hubiera sucedido, como si durante treinta años no se hubieran expresado desde la ciudad condal las mayores mentiras acerca de los éxitos del mejor club de fútbol del siglo XX según la FIFA. Siempre ha habido, por parte de todos y cada uno de los sucesores de don Santiago Bernabéu, un grado de comprensión superlativo hacia las tremendas majaderías protagonizadas por los Montal, Núñez, Gaspart, Laporta y, ahora, Rosell. Lo que, a mi modo de entender, encerraba esa actitud no era más que un aire de superioridad acreditado por la tozuda distancia existente entre los triunfos logrados por unos y por otros. Era, y que no se me enfade nadie o que se me enfade todo el mundo, algo así como "¡ya están otra vez estos pobres tontitos tocando las narices!"... Error, craso error.

El programa Futboleros desveló anoche que Sandro Rosell ya le ha comunicado al Real Madrid que, con motivo del partido de ida de la Supercopa de España, no acudirá el próximo 14 de agosto al palco del estadio merengue por encontrarse ese día "de vacaciones". Golpea otra vez primero Rosell y, por lo tanto, golpea dos veces, transmitiendo a la calle la idea de que el Barcelona tiene sobrados motivos para estar ofendido, cuando esto no es cierto en modo alguno. En este falsario asunto del pique entre Real Madrid y Barcelona, como si nunca hubiera existido tal y las relaciones entre ambos hubieran estado siempre protagonizadas por el Tratado de Versalles, el club catalán continúa llevando la iniciativa y el Madrid sigue bailando al ritmo que marcan desde allí. Nuevo error.

Si yo fuera Florentino Pérez o, por ejemplo, trabajase en el gabinete de comunicación del Real Madrid, le aconsejaría al presidente del club que informara inmediatamente al Barcelona de que el 17 de agosto, día en que se jugará el encuentro de vuelta de la Supercopa española, tengo dentista, y que el próximo 22 de abril, festividad de San Crisótelo, tampoco cuenten conmigo para el partido de Liga puesto que tengo un tío ya mayor y con ese mismo nombre y quiero prepararle una fiesta sorpresa. Seguro que no le causaría tampoco demasiada extrañeza a un hombre que acaba de pedirles a sus empleados que hagan las fotocopias en blanco y negro el hecho de que, debido a los recortes de la crisis, se suspenda la comida entre directivas y, en su lugar, se invite a los directivos culés a una botella de medio litro de agua ligera Font Vella y una bolsa de Cheetos Mix. También aquí la pela es la pela.

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