Los enigmas del 11M

Mañana domingo, todos a Colón

Mañana a las 12 tendrá lugar el acto unitario en la madrileña Plaza de Colón, contra las cesiones de Pedro Sánchez a los separatistas y por la convocatoria inmediata de elecciones generales.

Ocho meses han pasado desde que Pedro Sánchez accediera a la presidencia del gobierno con la promesa de convocar elecciones inmediatas. Lejos de ello, Sánchez se ha atrincherado en Moncloa y gobierna a golpe de improvisación y de decreto, con el único objetivo de durar un día más en el cargo. Y ha demostrado estar, para ello, dispuesto a todo: a incumplir cada promesa, hasta el punto de que su palabra no vale ya nada; a jugar a la demagogia con la economía, hasta el punto de colocar a España en una situación delicada de cara a afrontar la crisis que viene; y, especialmente, a comprar cada día de apoyo de sus indeseables socios parlamentarios, pagando con jirones de nuestra maltrecha Nación.

La gota que ha colmado el vaso es su fallido intento de nombrar, en vísperas del comienzo del juicio contra los organizadores del 1-O, un mediador internacional para seguir negociando con los partidos golpistas. Nada le detiene y nada respeta.

Hasta tal punto llega en su desprecio a los más elementales intereses de España, que su propio partido ha puesto pie en pared. Y entre la unidad de la oposición y la amenaza de rebelión interna, se ha visto obligado a posponer de momento sus objetivos. Ayer, Sánchez y sus aliados separatistas escenificaron burdamente un falso distanciamiento, en un intento vano de desactivar la manifestación de mañana, o al menos de restarle impulso.

Pero nada significa la palabra de Sánchez hoy, igual que nada significaba ayer y nada significará mañana. El único lenguaje que entiende es el del poder. Y es en ese lenguaje en el que hay que decirle mañana, alto y claro, que el poder reside en el pueblo español, y que si el Partido Socialista insiste en aliarse con los que quieren destruir España desde la ilegalidad, el pueblo español trabajará para hacerle pagar en las urnas su deslealtad. Y será el Partido Socialista quien tenga que calibrar si está dispuesto a extender los cheques con los que Sánchez compra el apoyo de quienes odian a España.

Demasiado tiempo hemos aguantado. Llevamos cuarenta años con lo mismo: los nacionalistas obtienen en los despachos lo que no son capaces de obtener en las urnas. Y eso tiene que acabar ya. La única diferencia con lo que ahora sucede es que Sánchez ni siquiera se molesta en disimular que está dispuesto a vender España a trozos a cambio de un día más en la Moncloa.

Mañana, todos a la Plaza de Colón. Es el momento de hacerle entender a Sánchez que hasta aquí hemos llegado. Y es el momento de hacerle entender al Partido Socialista que, si no para los pies a Sánchez, los españoles nos encargaremos de que con Sánchez desparezca de escena.

Quien ataca a la Nación nos ataca a todos. Porque la Nación no es otra cosa que nosotros, el conjunto de los ciudadanos.

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